Dedicado a ...
Es que hay personas, entre las que me incluyo, que no se enteran... O que no quieren darse por enteradas.
Bienvenidos. Espero que os sintáis como en vuestra tasca favorita.
Es que hay personas, entre las que me incluyo, que no se enteran... O que no quieren darse por enteradas.
Escrito por Silvia a las 21:54 1 comentarios
Archivado en: Música
Como es habitual en estas fechas, salgo muy tarde de la oficina. Llego a casa agotada y creo que el propio cansancio, hace que me cueste conciliar el sueño. Y si no, los calores o los mosquitos...
Además, aunque sé que no voy a obtener buenos resultados, me levanto temprano a estudiar y para más tarde, a ayudar a preparar a los nanos para ir al cole. Nanos que nos respetan el descanso dominical. Así que estoy que me caigo de sueño. Literalmente.
Porque esta mañana, que iba a la oficina en mi momento zombie, he tropezado y caído al suelo cuán larga soy. Mi reacción, con el dolor del golpe, ha sido sentarme, agarrarme la pierna y quejarme. Y entonces, recordé la escena que sigue a continuación.
El barrendero miraba sorprendido, dudando si ayudar a la tipa esa (moi) que estaba en el suelo, con un siete en el pantalón y la rodilla despellejada y sangrando, muerta de la risa.
Escrito por Silvia a las 10:06 4 comentarios
Archivado en: Mi día a día/Anécdotas
Justo antes de salir de casa, cayó un chaparrón impresionante. Mi hermana y mi madre me miraban como diciendo "Está loca, se van a poner como una sopa", pero no dijeron nada. Tuvimos suerte y la lluvia cesó al salir del portal. Así que pertrechados con calzado cómodo, unas botellas de agua y unos paraguas plegables, salimos hacia el Retiro. Llegamos a la puerta de Alcalá y ese cielo azul, tan bonito, que tiene Madrid, estaba esperándonos.
Mi sobrino se puso a dar botes emocionado. ¡¡Tía, tía, la puerta de Alcalá!! ¡¡La hemos visto en el cole!! mientras mis sobrinas tarareaban, pues no saben más, Mírala, mírala, la puerta de Alcalá.
Mientras caminábamos hacia el Paseo de coches, esquivando a gitanas con el romero les iba contando que había sido la puerta de Alcalá y el Parque del Retiro. Me da que mis explicaciones no les gustaron tanto como el hecho de prometerles que iríamos a pasar un día allí con las bicis o los patines, que montaríamos en una barca de remos y que tomaríamos un helado y el sol sobre el césped.
Al llegar a la zona de las casetas de feria, comenzaron a tirar de mí uno para cada lado. Y es que todo les llamaba la atención, desde la exposición de fotografías que hasta unos facsímiles preciosos. Pero yo tenía un objetivo claro en mente, una sorpresa que estaba segura que les gustaría.
- Tía, ¿me compras un libro de Gerónimo Stilton?
- ¡¡A mí de Pupi!!
- Tía, a mí de Peter (Peter Parker, más conocido como Spiderman. Pero es que mi sobrino ya tiene confianza con él....)
- Vale, pero primero tenemos que ir a un sitio, que me quiero comprar un libro de terror y hay que esperar cola...
Casi se les salen los ojos de las órbitas, sobre todo a la mayor, cuando nos acercamos a la caseta y allí nos estaba esperando, recién llegado de Ratonia, ¡¡¡Gerónimo Stilton!!! Basta decir, que mi sobrino que aún no sabe leer, ha dormido con el tebeo de Gerónimo que le ha firmado y que le estoy leyendo (sobre el descubrimiento de América). Y que los tres se los han llevado al colegio.
Pero si Gerónimo es el ídolo de la mayor, Pupi es la lectura favorita de la mediana. Así que, nuevamente, nos dirigimos a una caseta, "A ver si esta vez me puedo comprar mi libro de cuentos de terror....".
Pupi no había llegado (su nave sufrió un pequeño retraso) pero la amable dependienta que nos atendió, nos sopló cuando va a firmar y me veo en un futuro próximo en una cola rodeada de niños para que me firme unos libros un extraterrestre azul con cara simpática. Que no me hago cola para que me firmen un libro para mí y me espero para que lo haga un muñeco azul... Y en un futuro aún más próximo, haciendo un Pupi de cartulina tal y cómo explican en el libro que compramos.
Después de un par de paseos arriba y abajo más y algo acalorados, salimos del Retiro para regresar a casa. Pero antes, pasamos por la Casa Árabe, dónde había un cuentacuentos. Sentados sobre cojines y a la sombra de una carpa, mientras escuchábamos música beréber, descubríamos la historia del Príncipe Ramiro el Miedoso. Y la de Azur y Asmar, cuya película tenemos que ver.
Fue una mañana de domingo muy divertida, descubriendo con los peques el placer de la lectura y disfrutando del sol primaveral.
Eso sí, al final, me vine sin mi libro de cuentos de terror...
Escrito por Silvia a las 12:25 6 comentarios
Archivado en: Mi día a día/Anécdotas
No con toda la atención que quisiera (el trabajo que me tiene en la oficina muchas horas), voy siguiendo este tema. Y aunque quizás sea un poco pronto para analizar todo lo que está pasando en Madrid y en otras ciudades de España con el llamado movimiento 15-M, me gustaría pensar un poco en voz alta.
Recibí la convocatoria a través de Caralibro, por medio de un amigo al que considero una persona cabal y me planteé asistir, pues estoy harta de esta situación. Además, el apadrinamiento de la iniciativa por parte de José Luis Sampedro, fue algo que también llamó mi atención.
En mi caso, estoy harta de esos ineptos que no saben dar una a derechas (la clase política, pero también los huevones de españoles que les justifican contra viento y marea), que sólo se preocupan de mantener su culo en la poltrona y no en lo necesario, que no significa que tenga que ser agradable, para la mayoría de los españoles. Estoy cansada de los 17 reinos de Taifas (y dos ciudades autónomas), de coches oficiales, del "¿qué hay de lo mío?", de subsidios, ayudas y su puñetera madre en verso. Y de matarme a trabajar para comprobar que el fruto de mi trabajo cada vez vale menos.
Pero sobre todo, estoy preocupada por el futuro de mis sobrinos, porque no creo que vaya a tener hijos. ¿Qué mierda les vamos a dejar entre todos?
Ahora, después de ver ciertas imágenes en internet y en televisión, creo que mi no asistencia (provocada por un compromiso familiar) fue lo mejor que pude hacer. Veo demasiadas coincidencias entre este "movimiento popular" y algunos partidos de extrema izquierda, cosa que no me gusta.
Además, aún nadie me lo ha sabido responder, ¿y después qué? Y no quiero utopías, quiero realidades (aunque duelan, que dolerán para muchos), con numeros y cuentas claras, para ver que coste supone cada una de sus sugerencias. ¿Qué coste económico y productivo tiene el reparto laboral para las empresas? ¿Con qué pagamos el subsidio de 426 euros para los parados de larga duración? ¿Y al personal sanitario para la eliminación de listas de espera?
Y luego está todo el circo mediático que está rodeando esto. He visto algunas imágenes que me han parecido lamentables y que no contribuyen mucho a que se me pase la desesperanza que me embarga estos días.
Primero, los politicos de turno, como las declaraciones de Bono en las que decía que él hubiera estado en esa manifestación. Como siempre, a los políticos les sobra oportunismo y les falta coherencia. ¿Quieres ir a protestar? Pues presenta tu dimisión y te vas a pegar voces a Sol todo lo que quieras y más.
Y algunos testimonios de manifestantes, que eran para llorar. Esta mañana uno ha acaparado mi atención. Tanto que iba dándole vueltas camino de la oficina.
Una chica en Barcelona, en la acampada de Plaza de Cataluña. No creo que tuviera muchos años menos que yo e iba ella muy mona con su gorro de cowboy y un pañuelo al cuello, en plan fashion victim que no sabías si venía de acampada o de tomarse algo en un pub. El periodista le ha preguntado porque estaba ahí.
"Es que llevo cinco años en el paro. Antes era camarera y florista".
Reconozco que mi cerebro no ha oído más y se ha quedado con el "cinco años en el paro".
¡¡¡¿¿¿Cinco años en el paro???!!! ¿Y a qué coj... has estado esperando para emigrar? ¿A que te cayera el trabajo del cielo?
Esperaré a ver como se desarrolla todo esto, pero mi fé en que esto provoque un cambio real a mejor, es más bien poca.
Deseo equivocarme.
Editado: Después de ver su web, ¿me pueden facilitar el teléfono de contacto del programador? Porque si es un movimiento popular, no creo que ande sobrados de fondos y tienen una web que no está nada mal. Y a mí hacer una decente para mi trabajo me cuesta un huevo.
Escrito por Silvia a las 12:25 5 comentarios
Archivado en: Mis opiniones/El mundo en el que vivo
Esta tarde iba en el autobus, escuchando a Louis Armstrong y Billie Holiday en el mp3, mientras disfrutaba de un sol espléndido tras toda la mañana lloviendo.
En una parada cercana a Atocha, ha montado una mujer de más o menos de mi edad, con un niño de unos tres años, que ha llamado mi atención. Y es que llevaba un enorme sable de juguete que trataba ceremoniosamente, con mimo. Asi que he dejado el mp3 en pausa y me he dedicado a observarle.
La mujer se ha sentado a mi lado, mientras el niño daba saltos en el pasillo, hasta que unos minutos más tarde, con el autobus detenido por un atasco (provocado por la manifestación de hoy), ella se ha sentado (algo referente a que los piratas mantienen el equilibrio) que es lo que ha dicho, pero el niño ha contestado a la madre y yo me he reído.
- ¿Ves, Jorge? La señora se ha reído porque te vas a caer. Anda siéntate.
El niño ha contestado a la madre, ordenándole que se callara y se me ha quedado mirando. Y yo, quizás metiéndome en lo que no me llaman, le he dicho que no se podía contestar así a los mayores, que los niños no tienen que dar órdenes a los mayores, sean piratas como afirmaba o no. No sé si es el tono que he empleado (que le ha llevado a la madre a preguntarme si era maestra) o que lo he acompañado con una sonrisa, pero Jorge, que así se llamaba el niño, ha pedido perdón a su madre y se me ha quedado mirando.
Ya he comentado que yo respondo siempre a ciertas provocaciones y más si vienen de niños, así que he comenzado a charlar con él, preguntándole por su sable. Y así, he descubierto que era un capitán Sparrow pequeñito y sin bigote, que se sabía todos los personajes de las películas de Piratas del Caribe (incluidos barcos). Me ha contado como había un dragón al que le arrancaban los dientes, como salían esqueletos con sables ¡y un pulpo gigante!. También me ha contado que le gustaba Bob Esponja y un capítulo en que se convertía en pirata (su obsesión) y que ayer había visto "El retorno de Jaffar" y con su lengua de trapo, me ha contado el argumento de cabo a rabo, dándome incluso el nombre de los personajes secundarios. Creo que le ha animado a ello ver que tenía frente a sí a una niña de metro setenta que le hablaba de Abismal o Iago.
Hemos estado cerca de diez minutos charlando, mientras su madre hablaba por el móvil, diciéndole que si quería ser un verdadero pirata, tenía que aprender a nadar y navegar; mientras él me contaba que había montado en una barca en el Retiro y había remado y que había barcas que tenian palos de los que colgaban las velas.
Por el rabillo del ojo, podía ver a una pareja de mujeres sentadas al otro lado del pasillo, que comentaban mi paciencia con el crío. Lo que no se han dado cuenta es que él también demostraba mucha paciencia, al tener que enseñarme a ser un poco pirata de nuevo.
Ha llegado el momento de la separación. La madre se ha despedido agradeciéndome mi paciencia y yo me he despedido de Jorge deseándole buenos vientos (y sacándole la lengua, como él ha hecho, cuando su madre no nos ha visto).
A veces, vienen bien estos encuentros con los maestros pequeñitos.
Escrito por Silvia a las 00:32 3 comentarios
Archivado en: Mi día a día/Anécdotas
He pensado que estoy triste y en ese momento, me he puesto a llorar. Pero las lágrimas eran frías, racionales y al pensar sobre ello, desaparecieron. Ni siquiera dejaron un poso amargo. O triste. Ni nada de nada.
Me quedo pensando unos instantes. Sí sé que me duele y me provoca tristeza, ¿por qué me siento tan ajena a mí misma? ¿Será cosa del cansancio? No tengo más del habitual y mi tiroides está bien. Y los problemas, pues los de siempre. Todo sigue igual que siempre, así que no puede ser.
Quizás sea ese el problema, pero pienso que no es ese. No, no estoy cansada de estar cansada. De hecho, no estoy nada.
¿Y entonces? Busco algo que me provoque risa. Pienso en aquel día en que me reí escuchando un monólogo y me río. Acaba el pensamiento y con él mi risa. Y la misma sensación de que no ha quedado nada. Como si fuese impermeable.
Pienso en tu sonrisa, en nuestras conversaciones, en tu voz. También en la de él, en su forma de abrazarme, en su sabor... Sonrío y al cambiar de pensamiento, no queda ni siquiera el calorcito ese de las cosas buenas.
También pienso en las cosas malas: en la incertidumbre, en tus medias verdades, en mis cabreos... pero nada. Ni me despeino y pronto me resbala.
Creo que tendría que angustiarme al pensar que no siento, pero nada. Toco mi piel. Está fría a pesar de que hace calor.
Un pensamiento cruza mi cabeza como un fogonazo. Muy apropiado. Recuerdo un poema de Burton: Cerilla y Palillo y la imagen que lo acompaña.
Quizás de sentir, me he autoconsumido y ya no queda nada que alimente ese calor. O quizás siempre ha sido así y no he vendido otra cosa más que una farsa y hoy se acabó la opereta.
Escrito por Silvia a las 21:53 6 comentarios
Archivado en: Relatos
Sé que llegan los exámenes y que no lo llevo especialmente bien. Pero llevo un período con mucho estrés y necesitaba desconectar. Así que me fui con una amiga a ver la obra de teatro "Avenue Q", un musical un tanto irreverente y que me había recomendado un amigo.
Un barrio de Nueva York un tanto inusual, con unos vecinos que son muñecos en plan Barrio Sésamo. Y acaba ahí todo el parecido, porque no es una obra para niños pequeños (Una de las frases de un personaje, Lucy la Guarra: Yo tuve una cita con un monstruo una vez... pero luego me volví loca intentando quitarme pelos de los dientes).
Se habla de sexo, de porno en la red, de racismo, de beber, del fracaso... pero también de amor, de luchar por los sueños. Vamos, de muchas de las cosas de la vida real.
Me mondé de risa. Hasta que se me saltaron las lágrimas. Y en muchos momentos, me sentí identificada con los personajes.
En mi Caralibro, he puesto un vídeo de uno de los números, Internet es para el porno. Aquí os dejo otro de los números, Si tú fueras gay, interpretado por Nicky y Rod (para mí, los modernos Epi y Blas, porque ahora, de mayor, estoy convencida de que eran gays).
Escrito por Silvia a las 23:30 4 comentarios
Archivado en: Mi día a día/Anécdotas, Música, Otras aficiones
Como he comentado en alguna ocasión, tengo la costumbre de poner en mi televisión canales de vídeos musicales. Últimamente, los pongo a la hora del desayuno, visto que si a mis sobrinos les pongo dibujos animados, me cuesta más que desayunen.
Hace ya unos cuantos meses, Félix vió el vídeo Thriller, de Michael Jackson (que pongo a continuación), y le asustó un poco, pues no llegaba ni a los cuatro años de edad.
Escrito por Silvia a las 13:24 4 comentarios
Archivado en: Mi día a día/Anécdotas, Música
En mi comentario al anterior artículo, le hablaba a Fran de una canción de Glenn Miller que me encantaba de pequeña. ¡La encontré!
Escrito por Silvia a las 12:59 5 comentarios
Archivado en: Emociones y recuerdos, Música
Creo que mi mp3 es un ser vivo y con un poco de mala baba. O no, y hace que me enfrente a mis demonios.
Escrito por Silvia a las 22:46 4 comentarios
Archivado en: Emociones y recuerdos
Hoy se celebra el día del Libro y como no puedo regalaros un libro, os dejo un fragmento de una de mis novelas favoritas, que marcó mucho mi existencia, La peste de Albert Camus. Os recomiendo su lectura si no lo habéis hecho y deseo que os regalen muchos libros y rosas.
Escrito por Silvia a las 09:59 1 comentarios
Archivado en: Literatura
Escrito por Silvia a las 11:38 3 comentarios
Archivado en: Relatos
Llevo varios días muy cansada. Se han juntado varios factores y me noto al límite de mis energías. Curiosamente, me cuesta dormir y estoy haciéndolo muy pocas horas diarias. Ya he comentado en alguna otra ocasión, que soy como los niños pequeños. No duermo y estoy con el diente torcido.
Así que como sé que estoy así procuro no hablar mucho de nada importante, porque así evito discusiones y el hacer daño a otros, que pueda generar mi susceptibilidad. No siempre lo logro y quién me conoce y me aguanta, me sufre (Nunca les agradeceré lo suficiente su paciencia al soportar mis petardeces).
Me resulta complicado cerrar el pico cuando veo algo que no considero justo o correcto, pero esta vez, puede más la sensatez. Quizás por eso, me estoy desahogando por aquí.
Hay algo que me enerva y me tensa casi de inmediato: los aduladores. Esas personas que sin apenas conocerme empiezan a cantar mis virtudes (que son más bien pocas) provocan que desconfíe de ellas. Si se juntan varios, en plan adoración casi mesiánica, me entran ganas, a partes iguales, de salir corriendo lejos de la secta o liarme a repartir collejas.
Así que cuando me encuentro con un grupo de ellos, no me siento precisamente cómoda.
En un ambiente que frecuento, me he encontrado un grupo de aduladores. Seguramente sea más sensato, congraciarse siempre con el "líder" (en este caso, el que manda, pero que desde mi punto de vista, no lidera) y mi forma de pensar, además de anacrónica, sea peligrosa para mi tranquilidad. Me importa un pito.
Me parece ridículo y peligroso observar como casi besan el suelo por dónde camina por haber hecho su trabajo rutinario (un trabajo por el que, por cierto, le pagan). Tiene tintes de secta. No ha cometido ninguna heroicidad, simplemente cumple con su obligación. Ya está. Es como si mi padre me hiciera la ola cada vez que llego a la oficina...
Cuando pensaba que ya había aguantado y visto demasiadas tonterías en ese ambiente, un miembro de la especie humana volvió a sorprenderme y no gratamente. Y es que presenciar berrinches en plan "pues ahora me enfado, no respiro y no os ajunto" en personas de mi edad me resulta bochornoso. ¡Lo que me ha costado morderme la lengua y no saltar y darle motivos para que se enfadase de verdad!
He pensado que quizás he exagerado todo por el cansancio del que hablaba antes, pero no soy la única que ha visto lo mismo.
Ahora me encuentro en una encrucijada: soy sensata, me trago la bilis que me provocan y me callo. O bien, hago lo que me pide el cuerpo y les hago ver lo rídiculo de su actitud, sabiendo que me voy a ganar unas cuántas enemistades y a incrementar mi fama de rebelde y elemento subversivo.
Lo consultaré con la almohada. Si logro dormir...
Escrito por Silvia a las 18:00 1 comentarios
Archivado en: Mi día a día/Anécdotas, Mis opiniones/El mundo en el que vivo
- ¿No te molesta? ¿No peso demasiado?
- No, para nada. Me gusta sentirte. Además, hace un rato has sido tú quien ha sentido mi peso encima tuyo. Y yo soy más grande.
- Me gusta sentir tu peso sobre mí - ella sonrío y le dió un beso en la nuca - Y esto. Trepar por tus caderas y cubrir tu cuerpo con el mío, piel con piel, adaptándome a tu postura. Sentir la cadencia de tu respiración, como se eriza el vello de tu nuca con la mía, tu calor... Abrazarte y pegarte a ti como si quisiera que nos fundiéramos... - mientras hablaba, le acariciaba los brazos con la yema de los dedos.
- Pegada a mi espalda como los monitos se pegan al cuerpo de su madre.
- Sí, una monita de metro setenta - ambos se rieron - No, no es por eso, cariño. Quizás es que quiero protegerte y esto, literalmente, es ser tu guardaespaldas.
- Me cuidas demasiado. Pero esto tiene una pega.
- ¿Sí? - su voz denotaba una ligera decepción.
- Sí, que no puedo abrazarte, perderme en tus ojos y beberme tu boca. Anda, ven aquí, guardaespaldas - ambos se giraron y él se tumbó en la cama, atrayéndola en un abrazo - Así está mejor - retiró un mechón de cabello y la besó en los labios con suavidad.
- No está mal... - sonrió ella. Antes de apoyar su cabeza en el hombro, le dió un piquito en los labios - Creo que estoy diseñada para estar aquí, que este es mi lugar en el mundo - él estrechó más su abrazo, deslizando las manos despacio por su espalda.
Escrito por Silvia a las 09:45 2 comentarios
Hace unos días, mis sobrinos vieron unas imágenes del efecto del terremoto de Japón del 11 de marzo en televisión. Y como niños que son, preguntaron.
Después de explicarles que era un terremoto (y calmar sus temores), como se producían y lo que era un tsunami, les hablé de Japón. Aún son pequeños y no les han enseñado los países, así que buscamos un atlas para que vieran las islas. Y en internet, buscamos fotografías del país y de sus gentes. Se emocionaron al saber que es el lugar de nacimiento de alguno de sus dibujos animados preferidos, torcieron el gesto cuando les conté que comían pescado crudo y se rieron cuando les dije que, un día que me llevé a mi hermana y a mi padre a comer a un japonés, les tuve que dar de comer como a niños pequeños porque no sabían usar los palillos. Al rato, para merendar, me hicieron sacar palillos para que ellos practicasen, para cuando les llevase a comer a un japonés (Pero pescado crudo no tía, ¿eh?).
Más tarde, buscamos palabras en japonés y en una de las webs, vimos que la traducción para abuelo es sofa (estaba errada, porque correctamente sería sofu).
Félix se bajó de mi cama, se fue corriendo al salón dónde estaban el resto de adultos y le dijo a mi padre "Eres mi sofá". Y volvió a irse riéndose ante la mirada atónita de mis progenitores.
Cinco minutos después, fueron las niñas las que fueron riéndose a decir lo mismo a mi padre. Mi madre se burlaba de mi padre y le decía, "Claro, como te quedas dormido en el sofá...".
Después de que mi padre, falsamente indignado, viniese a vernos a mi habitación y les hiciera cosquillas por haberle llamado sofá, les expliqué a los mayores que querían decir los niños cuando a mí me llamaban oba (tía), soba a mi madre (abuela) o parecía que se reían en la cara de mi hermana con un Jaja (Haha en japonés es mamá).
La cosa quedó ahí y cayó en el olvido, bajo el peso de las preocupaciones, en el resto de adultos. Hasta que ayer mi sobrino llamó sofá a mi padre delante de unos amigos y volvieron las risas "Rafa, dormilón, ¡qué pedazo siestas nos echamos en el sofá que hasta adoptas el nombre!".
Esta mañana le ha tocado el turno al chino. En televisión, mientras desayunamos, les dejo ver algunos dibujos (pocos que, si no, no quieren ir al cole) y hoy le ha tocado el turno a Ni Hao, Kao Lian, una serie en la que enseñan algunas palabras en chino mandarín.
El único adulto de la serie es el abuelo de Kao Lian, Yé ye, que es como se dice en chino abuelo paterno.
Félix, ni corto ni perezoso, ha ido a decírselo a mi padre que estaba acabando de prepararse. ¡¡Ye yé!!. Y mi padre ha comenzado a bailotear con él diciéndole, Claro, yo era un chico ye-yé. Hasta mi madre, que estaba medio dormida, ha comenzado a reírse. Luego va el niño y dice todo serio, "Es que el abuelo Rafa hace tonterías".
La verdad es que a pesar del cansancio que provoca el cuidado de tres niños pequeños, dan mucha alegría (por eso no entiendo ciertos comportamientos en otras personas). Y además como tengo un padre, que vale un imperio, al que le gusta hacer bastante el ganso, las mañanas suelen ser muy divertidas.
Escrito por Silvia a las 09:28 1 comentarios
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Ayer por la tarde, después de una mañana muy agradable, acabé leyendo y medio siesteando en el Retiro. Tumbada en el césped, bajo un árbol, con el solecillo primaveral dándome en la cara y amorrada a una botella de agua mineral.
Escrito por Silvia a las 21:23 1 comentarios
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- No te estás muriendo realmente, ¿verdad? - preguntó Amanda.
Escrito por Silvia a las 23:48 2 comentarios
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Escrito por Silvia a las 10:11 3 comentarios
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Al leer hace un momento en el Caralibro de un amigo un comentario sobre Educación (y productividad) recordé algo de lo que quería hablar cuando escuché la noticia.
Escrito por Silvia a las 00:14 3 comentarios
Hace unos días, un amigo me comentó que me veía mayor. No porque me falle la antiarrugas y se me vea avejentada (más bien, lo contrario), sino por mi comportamiento.
Creo que lo comentó porque procuro mantenerme al margen, aunque no siempre lo logre, de conversaciones dogmáticas y viscerales que lo único que hacen es ponerme de mal café y parece que estoy más en paz. O porque prefiero pasar una noche viendo una película con mis sobrinos a estar de bar en bar tomando garrafón o viendo como otros se fuman.
No lo sé. Supongo que es más sencillo etiquetar a las personas que preguntar y preocuparse.
Un par de días antes, había sido una amiga la que me comentó lo mismo. Estuvimos hablando de salir por la noche y beber alcohol, algo que para ella, como para otras muchas personas que conozco, es indisoluble. Para mí no lo es y a pesar de la fama que tengo (nunca más cierto eso de "cría fama..."), no es extraño verme salir a base de tónicas o agua mineral. Y es que lo importante es la compañía de la que disfrutas y no la graduación alcohólica de lo que ingieres.
No les quito la razón, pero, ¿qué esperaban? ¿Que mi comportamiento sea el mismo que con veinte años? A mí me sorprende que sea el suyo lo sea en muchos aspectos y sigan hablando de sus resacas y del "pedal" tan gordo que se cogieron.
Lo que me molesta del asunto no es que me digan que estoy mayor, sino que lo identifiquen con aburrida, cuando no es así.
Creo que sólo en una etapa anterior he disfrutado de la vida tanto como ahora. Pero como lo que es y no como una Disneylandia o adolescencia perpetuas.
Además, prefiero dedicar mi tiempo de ocio, que es un bien escaso, a otras tareas. Y entre ellas no está tirarme un domingo con dolor de cabeza y estómago porque me pasé la noche anterior bebiendo copas (aunque yo no tenga resacas).
Escrito por Silvia a las 17:27 5 comentarios
Archivado en: Mi día a día/Anécdotas, Mis opiniones/El mundo en el que vivo