viernes, 20 de enero de 2012

FITUR

Esta mañana he estado en FITUR. Sin lugar a dudas, ha sido el más austero de los últimos años, pero aún así...
¿Es necesario que ADIF y AENA monten stand propio? Y no precisamente pequeños...
¿O que Paradores, empresa pública, tenga uno con dos plantas?
Por no hablar de las Comunidades. Todas han reducido su espacio (Murcia no han montado ninguno, sólo uno de Lorca para recordar el terremoto), pero aún así, Andalucía tenía prácticamente un pabellón entero y la Comunidad Valenciana, esa en la que los colegios sufren cortes de suministro por falta de pago, más de medio pabellón. Que sí, que está muy bien potenciar el turismo (yo vivo de ello) pero con criterio. Y a ver qué clase de turismo queremos potenciar, que esa es otra.
Pero bueno, los responsables políticos siguen pensando que el dinero público crece en los árboles...

Lo mejor, los pabellones internacionales, especialmente, Asia y América, que en Europa (salvo el de Portugal con degustaciones de productos gastronómicos) estaban de capa caída. Francia ni siquiera ha venido. En Korea me he reído mucho con un chef suizo que lleva la restauración de Korean Air y que nos ha ofrecido Bulgogi y Bibimbap. Y agradezco especialmente la amabilidad al personal del stand de Guatemala, de Costa Rica, de Taiwan y de Japón.

Lo peor, la mala educación de algunos, que te placan por una lasca de jamón (si yo no compito con ustedes, que como poco) o que arrasan con cualquier cosa gratis.

En cuanto a saraos, yo ya voy poco y sólo me he dejado caer por la cena de Turismo de Palestina, que tuvo lugar ayer en el restaurante Teatriz. Parte de la presentación, en inglés, corrió a cargo de la Ministra de Turismo de Palestina y gracias a su exposición, pudimos dar un buen paseo por Tierra Santa.
La cena fue deliciosa y estuvo amenizada por unas danzas tradicionales palestinas, muy movidas y alegres.
Pero lo mejor fue la compañía, pues dado que era la única que hablaba inglés en mi mesa y los colegas palestinos no hablaban español, acaparamos mutuamente nuestra atención y fue enriquecedor.

Siempre he querido visitar Tierra Santa, Siria y Jordania, pero la situación de inestabilidad de los últimos años, me ha echado para atrás. Sé que al pasear por los lugares bíblicos o al visitar los cuernos del Hattin viviría lo que un amigo llama momentos místicos, pero también sé que me llevarían los demonios y la tristeza al ver el conflicto en vivo y en directo.
Porque entiendo algunas de las posturas de ambos bandos y como en el fondo, soy una ingenua que cree que no somos tan malos y que es mejor llegar a puntos de encuentro, me duele ver la situación y la empatía me juega muy malas pasadas en ocasiones.

(Aunque crea en los puntos de encuentro, en el fondo soy una petarda y poco diplomática: Tiraría por la calle de en medio con Jerusalem. Ni para Israel ni para Palestina, sino para la Humanidad. Vamos, que yo dotaba a la ONU de un mayor poder, y no de palabra, creaba un territorio franco, una ciudad sagrada para todos).

lunes, 16 de enero de 2012

Me entristece ver la televisión

Esta mañana, mientras desayunaba, oía a los tertulianos de Espejo Público hablando de la sentencia del caso Marta del Castillo. Entendiendo el dolor de la familia, me asqueaba tanta demagogia y populismo. Miguel Ángel Rodríguez (¡Qué mal me cae este tipo!) hablaba de la "incultura" de los jueces en este país y todos se echaban las manos a la cabeza porque en la sentencia parece hacer referencia a la aparición en los medios públicos de la familia de Marta como un intento de presionar a los jueces por una sentencia favorable. ¿Y realmente no es así?

No he leído la sentencia ni creo que lo haga, pero por lo visto, lo que hacen los jueces es atenerse a la letra de la ley y no podían considerar culpables, con las pruebas que les han llevado, a esos elementos. Que sí, que todos pensamos que esos cabr... son culpables, pero no vale sólo con indicios y sospechas. ¿O a alguno de los que me leen le gustaría que le consideraran culpable de un delito sólo por indicios, sin ninguna prueba firme que lo sustente? Porque si empezamos así, yo cojo las maletas y emigro a Marte.

Después he abierto Facebook. Y he visto los comentarios y los brindis de alegría por la muerte de Fraga, rememorando su pasado franquista (innegable). Lo primero que me he preguntado es si esas mismas personas brindarán por la muerte de Carrillo cuando se produzca, que también fue un asesino. Seguramente no lo hagan, pues era del otro bando.
Yo estoy hasta las pelotas de bandos. Han pasado más de de 75 años desde el inicio de la Guerra Civil y 36 de la muerte de Franco y ahí seguimos, cosiéndonos a puñaladas en cuanto tenemos ocasión y desangrándonos cuando lo que hay que hacer es tener energías para seguir adelante.
Luego nos quejamos porque así nos luce el pelo y buscamos a otro a quién cargarle las culpas.

Y ya para rematar la mañana, he visto las noticias del naufragio del Costa Concordia y la actuación deshonrosa del comandante de la nave. Parece ser que por una chulería, por un síntoma de esa cutrez que tanto le gusta al populacho, puso en riesgo la vida de más de 4400 personas. Y cuando vio que pintaban bastos, salió por piernas como una rata cobarde. ¡Qué asco!

(Desde aquí, mi homenaje a los equipos de bomberos y buzos de la Armada Italiana que están arriesgando su pellejo, en unas condiciones que seguro que no son fáciles, intentando buscar a los catorce desaparecidos.)

En fin, espero que mañana amanezca con noticias más agradables como la de la semana pasada sobre la solidaridad de mis conciudadanos en materia de trasplantes. A ver si, en breve, me dejan volver a donar sangre.

viernes, 13 de enero de 2012

Cuesta de enero

Hoy no me he levantado temprano para estudiar. No he sido capaz de escuchar ninguna de las tres alarmas de mi móvil, que me despiertan cada día.

Miro sobre la mesilla y veo el Actimel, sin tocar, que tenía que haber sido mi recena. El libro que estaba leyendo (menos mal que no era el kindle) ha amanecido en el suelo. Caí dormida tan pronto, que ni me dio tiempo a quitarme las gafas. Pero no importa. Estoy agotada y necesitaba dormir del tirón, sin interrupciones. El cuerpo, que es muy sabio, lo ha conseguido gracias a mi sordera ante las alarmas. Ahora la conciencia, que es muy puñetera, me mortifica.

Al salir de la ducha, he preparado la bolsa para el gimnasio. Me noto las piernas pesadas pero también las veo algo más firmes y eso me da energías suficientes para encarar el último día de gimnasio de la semana.

Supongo que, además de los achuchones económicos, para mí la cuesta de enero supone días de mucho trajín. Entre los exámenes, ahora el deporte, FITUR, BTL, el cuarto trimestre del IVA y el trabajo... Pero bueno, pasará y veré el fruto de este esfuerzo, con lo que voy aprendiendo y consolidando.

miércoles, 11 de enero de 2012

Pareciéndome a Forrest Gump

No, no es que me haya quedado tonta, que ya lo estaba un poco. Es que nos damos un aire en eso de empezar a caminar (en su caso, correr) y no parar. Bueno, y para ser más exactos, en mi caso pasear, que no es lo mismo que caminar, aunque se parezcan. Porque pasear es contrario a la premura y exige el poder quedarse contemplando las musarañas si a una le apetece, soñando con los ojos abiertos.

Esta mañana tenía cita con la nutricionista en el Doce de Octubre. No me he demorado mucho y dado que tenía la mañana libre para hacer unos recados, he cogido el autobús hasta Legazpi.

Hoy hace un día precioso en Madrid. Brilla un sol invernal espléndido y el cielo luce con ese azul tan bonito que tiene el cielo de mi ciudad.
Así que me he bajado antes de llegar a Legazpi y he comenzado a pasear por Madrid Rio, enfilando hacia mi primer destino en Santa María de la Cabeza. Me he cruzado con algún jubilado y con algún deportista corriendo y disfrutando también del calorcito del sol, pero apenas había gente. En cambio, los fines de semana en los que hace buen tiempo, está de bote en bote, sobre todo, familias con sus niños.

Parece que hoy el Universo se ha conjurado para que solucionara todo con rapidez y pudiera seguir disfrutando de mi paseo. Así que, otra vez a pasear, esta vez hasta la Plaza de la Encarnación, que alberga el Monasterio de la Encarnación, dónde se supone que todos los 26 de julio se licúa la sangre de San Pantaleón y pasa de estado sólido a estado líquido.
El paseo ha sido de lo más agradable, pues he cruzado una de las zonas que más me gustan de Madrid, La Latina y el entorno del Palacio Real. Me hubiera quedado a disfrutar del cambio de guardia en el Palacio Real, pero preferí seguir con mi paseo. Aunque os lo recomiendo y sobre todo, el Relevo Solemne de la Guardia Real, que tiene lugar el primer miércoles de cada mes.

He seguido con mi mañana "ajetreada" y el paseo me ha llevado hasta otra tienda, en la zona de Moncloa - Argüelles. En mi paseo hasta la parada de avituallamiento en el Mercado de San Antón (para tomarme un zumo cargadito de vitaminas) iba soñando mientras recorría algunos de los lugares claves de los alzamientos de Mayo de 1808 . Con mi zumo en una mano, las gafas de sol y las ganas de disfrutar de parte del Barrio de las Letras, he seguido hasta otro mercado, el de Antón Martín dónde he almorzado algo de comida japonesa.

Después de la comida, me estaba entrando modorra y decidí coger el autobús para volver a casa. He visto como mi autobús se iba antes de que yo llegara a la parada y en vez de esperar al siguiente, he seguido caminando... hasta el 12 de Octubre, dónde finalmente he cogido el autobús.

Unos amigos de fuera de Madrid temían mis "vamos andando que está ahí al lado" porque decían que lo que yo consideraba "al lado" les permitía a ellos cruzarse su ciudad de punta a punta. Y creo que les voy a tener que dar la razón, porque según el Google Maps, hoy he caminado unos quince kilómetros.

Para compensar por no haber ido al gimnasio...

viernes, 6 de enero de 2012

Agridulce

Estoy viendo las noticias y emiten varios reportajes de cómo los niños han recibido los regalos de los Reyes Magos. ¡Qué alegría ver sus caritas emocionadas!.

Y qué tristeza, por otra parte, pues no he podido disfrutarlo en vivo y en directo con mis sobrinos más mayores. Ha venido un ratín mi sobrino pequeño, que me ha tratado con su maletín de médico, me ha dado un té para que me recuperara de mi exceso navideño y ha usado mis brazos como vía para su tren Koko.
Como no podía soportar ver los paquetes aún envueltos bajo el árbol, los he guardado en un armario. La verdad es que en estos días, especialmente, se me hace más dura su ausencia.

En fin, dado que mi labor como paje en algunos casos va con mucho retraso, eligiré celebrar los Reyes con ellos cuando los vea. Como ya hemos celebrado su "no-cumpleaños"

domingo, 25 de diciembre de 2011

Pasillo 14

Anoche en la cena de Nochebuena, no cometí ningún exceso. No es sólo que mi organismo reaccione si los cometo (vomito), es que no quería llegar a ese extremo. Así que comí un poco de ensalada de rúcula y canónigos y un trocito de lechazo muy pequeño, sin piel ni grasa. Además, tras toda la tarde entre fogones, preparando la cena para el resto y rodeada de comida, no me apetecía comer mucho.

Hace un rato, en el almuerzo de Navidad, ha vuelto a suceder lo mismo. Toda la mañana viendo comida y a la hora de comer, apenas he comido nada. Y sólo me he saltado la dieta, tomando un par de cucharaditas de helado.

No tiene nada que ver con el miedo a recaer que tenía al poco de salir del hospital, sino con la decisión que tomé al operarme y las consecuencias que tendría la operación.
Claro que me gusta comer y beber y con moderación, que es lo que estoy aprendiendo (y a no calmar la ansiedad comiendo), podré hacerlo más adelante. Pero ahora no puedo ni quiero permitirme caer en la tentación con algo poco recomendable. Así que, cuando me entran ganas, me recuerdo a mí misma una especie de mantra: Pasillo 14.

Pasillo 14 es el lugar que ocupé en Urgencias, mientras esperaba a que quedara una cama libre y me subieran a planta. Y como su propio nombre indica, era un hueco en el pasillo, con un folio que ponía número 14. Sin biombo que preservara mi intimidad, pues creo que es de las primeras cosas que se pierde en el hospital. Como el pudor, al menos en lo que respecta a mi realidad física pues creo que otra clase de pudor, creció.

En el pasillo 14, me tiré buena parte del tiempo medio k.o. por la fiebre y el cansancio. Hubo un momento en el que aparcaron a mi lado a una mujer de unos 50 años, con un respirador y un perchero del que colgaban distintas botellas de sueros y medicamentos. Tenía los ojos marrones, brillantes. Cansados pero bonitos. Y de repente, esos ojos que brillaban con vida, se apagaron, quedando como los de los pescados en la pescadería. Murió a mi lado.
Fue una sensación extraña. No sentí tristeza, sino pudor. Mucho. Porque una parte de mí, hubiera querido estirar la mano y coger la suya, para que no se sintiera sola ya que estoy convencida de que sabía lo que estaba pasando. Pero otra parte de mí, se sentía una intrusa, como si no tuviera que estar ahí y que mi lugar a su lado lo tuviera que ocupar un ser querido.
Un rato más tarde, con otro aparcado a mi lado, volví a sentir lo mismo cuando también falleció. Su hija acababa de salir de urgencias para hacer unas llamadas y cinco minutos después, volvió para encontrarse a su padre muerto.

En los días que estuve ingresada, volví a sentir ese pudor. No porque me pudieran ver con el culo o las tetas al aire (culpa de los camisones que te dan, que se abren constantemente), sino porque mi habitación estaba al lado de la sala de Intermedios, dónde estaban los enfermos más graves.
Como he dicho, la intimidad es de las primeras cosas que se pierden y además, hay algunos médicos que no tienen mucha delicadeza, así que he presenciado como le decían a una niña de dieciseis años que su padre no pasaba de esa noche; o a una mujer como su marido acababa de fallecer tras una larga agonía.
Yo sentía que no debía estar allí, que eran momentos de intimidad, de estar con los tuyos y no con una extraña presenciándolos y me sentía mal. Me habría alejado si hubiera sido capaz de levantarme de la cama, pero me costaba levantar la cabeza de la almohada.

En el pasado, me han dicho que era una persona fría. Y puede ser, aunque ahora que me voy sabiendo mejor, creo que, a veces, me puede el pudor.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Navidad

Siento que desde que falleció mi abuela, se cortó el último vínculo que me hacía sentir las Navidades como cuando era niña. No es malo, sólo una etapa más en la vida.

Aunque ha cambiado mi forma de sentirlas, no ha cambiado el hecho de que me gusten las Navidades y que decida empaparme del espíritu de estos días. Que nada tiene que ver con comilonas, sentimientos impostados y consumismo desmadrado.

Hace un par de días fui a ver a mi sobrino pequeño en la actuación de su escuela infantil. El burrito más resalao de todo el grupo de niños. Acabada su actuación y mientras preparaban a la siguiente clase, observé el escenario elegido.

Es una iglesia de barrio, humilde como su entorno, de ladrillo visto. Las paredes sólo estaban decoradas con unos cuadros pequeños, que representaban las estaciones del Via Crucis. Sobre el altar, un crucifijo de madera, con un Jesús agotado, con la cabeza gacha, como si le hubieran captado antes de su último suspiro. Una imagen que me entristeció.
Pero sucedió lo que un amigo llama "momentos místicos". La luz entraba por la vidriera de la derecha y caía sobre el Belén viviente. Y el niño Jesús, un bebé monísimo, se puso a hacer gorgoritos y a reír. Y esa risa, esa luz de colores, me hizo sentir, de verdad, la Navidad.

Siempre he sentido que la Navidad es ese rayo de Luz que nos saca de las tinieblas y hace que ríamos (que además, es la mejor forma de ahuyentar el dolor y el miedo). Esos días en los que creemos que es posible lo de Ama a tu prójimo como a ti mismo. Que sí, que si unos días lo es, aunque sea por tradición, también lo puede ser siempre si elegimos que así sea, aunque no sea fácil. Porque cada vez estoy más convencida de que es una cuestión de elección.

Quizás sea una felicitación atípica, pero os deseo que queráis que esa luz brille en todos vuestros días y en aquellos a los que queréis.

Feliz Navidad.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Otro fragmento

Como comentaba en el artículo anterior, Forastero en tierra extraña es uno de mis libros favoritos y cuya lectura ha marcado mucho mi existencia. Con las distintas relecturas, supongo que porque yo voy cambiando también, descubro cosas nuevas y me planteo otras.

Hoy quiero poner un fragmento en el que Patty, la mujer tatuada que acaba siendo una especie de madre de la familia de agua del protagonista, habla del Amor y de Dios.

"¡Así es! Dios quiere que seamos Felices y nos dice cómo: "¡Amaos los unos a los otros!". Ama a la serpiente, si el pobre animal necesita amor. Ama a tu semejante, si ha visto la luz y hay amor en su corazón... y utiliza el dorso de tu mano sólo contra los pecadores y los corruptores al servicio de Satanás, que desean apartarte del camino recto para hundirte en el pozo. Y al decir "amor", no se refiere al insípido amor de la vieja solterona que no se atreve a levantar los ojos del libro de himnos por miedo a ver la tentación de la carne. Si Dios odiara la carne, ¿por qué habría creado tanta?.
Dios no es remilgago. Creó el Gran Cañón y los cometas que surcan el cielo y los ciclones y los sementales y los terremotos... ¿Puede un Dios capaz de crear todo esto volver la cabeza y prácticamente mojarse los pantalones sólo porque alguna pequeña hembra se incline sobre un macho y un hombre capte el atisbo de una teta? Tú sabes que no, cariño...¡y yo también!. Cuando Dios nos dice que nos amemos, no suspende sobre nosotros ningún cartel de advertencia: habla en serio. Hay que amar a los niños pequeños, que siempre necesitan que se les cambien los pañales, y hay que amar a los hombres fuertes y sudorosos para que nazcan más niños pequeños a los que querer... y entretanto, seguir amando, porque, ¡es tan bueno amar!.
Por supuesto que eso no significa que una tenga que andar por ahí jugueteando con el amor, del mismo modo que tener una botela de whisky de centeno no significa que uno tenga la obligación de emborracharse y liarse a mamporros con un poli. No puedes vender amor ni comprar Felicidad; son artículos que no llevan etiqueta con el precio... y si crees que sí la llevan, entonces las puertas del infierno están abiertas para ti. Pero si te entregas con el corazón abierto y recibes eso de lo que Dios posee una reserva inagotable, el demonio no puede tocarte"....

viernes, 16 de diciembre de 2011

Victoria

Hace unos días me compré finalmente el libro electrónico. Y la primera incorporación, fue uno de mis libros favoritos "Forastero en tierra extraña" de Robert A. Heinlein. Creo que hablé en otra ocasión de este autor, hace un par de años. En la novela hay un personaje que me gusta mucho, el doctor Jubal Harshaw, que es un enamorado de la obra de Rodin.

La primera vez que fui a París no tenía aún los dieciseis años y visité dos museos a los que procuro escaparme, si no es por trabajo, siempre que visito la ciudad: el museo d'Orsay, quizás mi favorito y el más desconocido, museo Rodin, cerca de Les Invalides.

En esa primera visita, acababa de leer la novela y recordé dos obras que se mencionaban en ella. Y que me impresionaron. Ahora, siempre que regreso, voy a verlas, una visita a unas viejas amigas.

Aquí os dejo a una de mis amigas y las palabras que le dedicó Heinlein por boca de Jubal.


Cariatide tombée portant sa pierre (Cariátide caída bajo el peso de su piedra) - 1905
Auguste Rodin
Museo d'Orsay (París)

Ben, durante casi tres mil años, los arquitectos diseñaron edificios con columnas en forma de figuras femeninas. Se convirtió en una costumbre tan generalizada, que lo hacían de una forma tan indiferente como un niño pequeño pisa una hormiga. Después de todos esos siglos, fue necesario un Rodin para hacer ver que ése era un trabajo excesivamente pesado para una chica. Pero no se limitó a decir "Mirad, estúpidos, si debéis diseñarlo así, al menos poned recias figuras de hombres". No, lo mostró... y generalizó el símbolo. He aquí a esa pobre cariátide que lo ha intentado, y ha fracasado, derrumbada bajo el peso de la carga. Es una buena chica. Observe su cara. Seria, infeliz a causa de su fracaso, pero sin echarle la culpa a nadie, ni siquiera a los dioses... y aún sigue esforzándose en sostener el peso, después de haberse derrumbado bajo él.

Pero constituye algo más que buen arte denunciando un arte muy malo: es un símbolo para toda mujer que haya intentado alguna vez llevar sobre sus hombros una carga demasiado pesada, más de la mitad de la población femenina de este plantea, viva y muerta, calculo. Y no sólo mujeres: el símbolo es asexual. Se refiere a cada hombre y a cada mujer que haya vivido y se haya pasado la vida haciendo gala de fortaleza de ánimo, sin emitir queja alguna y cuyo valor no ha sido jamás detectado hasta que se ha derrumbado, vencidos por el peso de su carga. Es el valor, Ben, y la victoria.

- ¿Victoria?

- Victoria en la derrota, no hay triunfo mayor. Ella no se da por vencida, Ben, sigue intentando alzar esa piedra, después de que la ha aplastado. Ella es un padre de familia yendo a su aburrido trabajo mientras el cáncer le devora dolorosamente sus entrañas, a fin de poder llevar a casa un nuevo cheque de la paga para sus chicos. Es una niña de doce años tratando de cuidar a sus hermanitos pequeños porque mamá se ha ido al Cielo. Es la telefonista de una central que se mantiene en su puesto mientras el humo la asfixia y las llamas avanzan y le cortan la retirada. Es todos esos héroes desconocidos que no pueden hacer otra cosa, excepto no abandonar nunca.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Observando

Este mediodía he comido con un compañero del sector en un comedero, que llamarlo restaurante le queda grande, dónde servían comida japonesa. La comida en sí bastante normalita, aunque he comprobado que me sienta bien el Goma wakame y la sopa de miso. Lo mejor ha sido la compañía, las risas y el poder observar a mis congéneres.

La semana pasada, en un restaurante madrileño, mientras observábamos a las dos parejas de la mesa frente a la nuestra, la versión guapa y española de Cary Grant me hablaba de la prostitución. No se refería a las prostitutas de la calle o de un club de carretera, que formas y motivos para prostituirse hay muchos. Este mediodía me he fijado en una pareja que había frente a nosotros y me he acordado de esa conversación.

Ambos alemanes. Ella una tiarrona grande, de melena larga teñida, aspecto serio, de caderas y pechos generosos, que me ha hecho sentir una canija. Ya no cumplía los cincuenta y aparentaba tener un nivel adquisitivo medio alto.
Él, un mulato mucho más joven que ella, más bajo que ella, más bien feucho (según mi punto de vista) y que vestía parecido al mendigo que había a unos metros de la puerta. Sólo que sus ropas eran todas de marca y daban ese toque cutre-chic que le gusta a alguna gente y que a mí no me gusta nada.

Como no entiendo alemán, no sé de que hablaban pero por su lenguaje corporal y su tono, parecía que estaban teniendo una riña de "enamorados", como si ella le reprochase algo. Cierto es que él ha estado coqueteando con cuánta fémina había en el local (la camarera y yo), sin ningún disimulo, lanzando miraditas. Tan descaradamente que mi acompañante se ha puesto celosillo.
A él parecía importarle bien poco los sentimientos de ella y estaba más interesado en el tablet recién comprado (la caja estaba abierta sobre la mesa y había una bolsa de un conocido centro comercial).

En un momento dado, él ha salido del restaurante y ella se ha puesto a llorar. Al regresar, la ha cogido por la cintura y le ha dado un abrazo totalmente frío, como si estuviera abrazando a una merluza.

Quizás me he dejado llevar por algún prejuicio, pero he tenido la sensación de que él estaba con ella por dinero, aprovechándose de la soledad que emanaba por cada uno de sus poros. Y ella, aunque sabe que lo tiene amarrado por la pasta, quiere creer que lo que él siente es verdad y aguanta ese trato por unas migajas de cariño.

Al verles irse y recordando esa conversación, me he quedado con la duda de cuál es la prostituta de los dos.

jueves, 27 de octubre de 2011

Dispersándome

Parece ser que ya estoy estupendamente, porque han vuelto las broncas y las puñaladas de algunas personas. Y es que parece ser que se habían cortado porque estaba enferma.

Qué bondadosos, ¿no?. Yo más bien creo que es por el que dirán. No está bien visto meterse con alguien débil o enfermo.

Debería haberme callado y aguantar el chaparrón. Pero no sé si por la influencia de Alatriste, cuyas últimas andanzas estoy leyendo o porque una es como es, no lo he hecho y me he defendido. Con dureza y al ataque cuando ha sido necesario. Porque paso de dejarme pisar y si alguien tiene que acabar jodido, que sean otros.

Pero todo es absurdo. Porque al terminar, no había sensación de triunfo aunque pudiera dar la sensación de que gané. Estaba hecha unos zorros anímicamente, muy lejos de sentirme victoriosa y con las entrañas, metafóricamente hablando, abiertas en canal.

No sé porque, pero he recordado una expresión que me dijo un amigo: los vencedores sin retorno... Y me ha provocado muchísima tristeza.

sábado, 15 de octubre de 2011

Válvula de escape

Hace no mucho me dijeron que con dolor se madura la felicidad y se va aprendiendo a disculpar. Yo creo que aún no he llegado a esa fase. Porque, hoy por hoy, ni te disculpo ni te excuso.

Cuando el otro día me dijiste que si no te iba a hablar y te contesté no, lo consideraste una ofensa. Pero es lo mejor que pudo suceder, pues nos conocemos. Lo que te iba a decir no iba a ser nada agradable.

Sabes que cuando quiero ser cruel, lo soy, no me conformo con intentarlo. Podría decir en mi descargo que reacciono así porque estoy herida y ataco como un animal. Mentira. Los animales atacan lo justo y necesario para alejar a quién le hiere, sin cebarse en ellos. Pero yo no. No me dejo reaccionar así casi nunca, con esa furia, porque sé que no voy a parar hasta que no vea a la otra parte, mi enemigo, completamente destruido.
Pasado ese ataque, la que lo pasa mal soy yo. No es que sea buena persona, es que soy egoísta.

El daño que me has hecho directamente me lo esperaba, tarde o temprano. De muy pocas personas espero lealtad y tú no eres una de ellas. Pero le has causado daño a personas a las que quiero. A buenas personas que no se lo merecen y que sí saben disculparte.

Quizás todo esto debería decírtelo a la cara, pero prefiero evitarme motivos para saltar.

Creo que Victor Hugo dijo que para todo mal, hay dos remedios el tiempo y el silencio.
El segundo remedio es más rápido.

Sólo que aquí puedo hablar lo que me da la gana.

viernes, 7 de octubre de 2011

Pequeños héroes cotidianos: don Tomás.

Por si alguno no se enteró, ayer murió Steve Jacobs. Yo no me alegro de que se haya muerto, pero tampoco me entristeció como leí en redes sociales. Algunos comentarios me sorprendieron porque parecía que se había muerto el salvador del planeta. Sin desmerecer su trabajo, era un empresario que hizo lo que hizo para ganar dinero y no por el afán de cambiar el mundo a mejor.

En cambio sí que me entristeció saber que había fallecido don Tomás, el párroco de una de las iglesias de mi barrio. Su muerte, como la de tantos otros, no ocupará titulares en los telediarios ni en las redes sociales y sólo tendrá importancia para el entorno en el que vivía. Pero sí que murió un hombre que con generosidad y por amor al prójimo, sí que intentó cambiar el mundo a mejor.

Al poco de hacer la primera comunión, fui monaguillo en su parroquia. A pesar de mi fama posterior y aunque yo bromee sobre ello, no lo hice por el vino de misa. Tampoco creo que lo hiciera por fe, pues es un concepto que no tenía muy claro con nueve años (y a veces, ni con treinta y seis). Creo que lo hice simplemente porque era lo correcto. Ya era miembro de las juventudes de Cruz Roja y al ver la labor de los párrocos de mi barrio, quería colaborar a mi manera. Y leer en misa, algo que me encantaba.

Ese tiempo cerca de don Tomás pude ver la clase de hombre que era.
Como puse en el Caralibro, para mí, compensaba con su bondad el comportamiento de otros católicos. Siempre tenía una palabra amable y los brazos abiertos para quién necesitara un abrazo o cobijo.
Nunca le escuché una palabra de reproche, ni cuando rompimos de un balonazo uno de los cristales de la iglesia. Tampoco palabras de superioridad moral hacia otros, aunque éstos se hubieran equivocado. Sí, regañaba pero afectuosamente y no te martirizaba como hacen otros párrocos con los pecados y los fuegos infernales. Perdonaba, sonreía, apoyaba y ayudaba.

Ayer cerré un poco antes la oficina y me acerqué a la misa. Había mucha gente, incluso unas cuántas mujeres vestidas con hijab. Supongo que esa fue la manera que tuvo el barrio de agradecerle todo lo que hizo por sus habitantes, de devolverle parte del cariño que él nos demostró a los demás.

Descanse en paz.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Marmota

En el anterior apunte, comentaba que Olga, una de los niños, me dejaba dormir un poquito más por las mañanas, algo que agradecía enormemente. Y que contribuyó a cimentar mi fama como la marmotilla del pasillo.

Y es que me he dado cuenta de que dormir es mi particular remedio para todo.
¿Qué me aburro? Duermo.
¿Tengo hambre y no puedo comer? Duermo.
¿Estoy triste? ¡¡¡A la cama!!!
¿De mala leche? A los brazos de Morfeo.
Hasta se me pasaban las borracheras con una siestecita de media hora...
Creo que es mi forma de parar el mundo, apearme y reiniciarme a mí misma.

Pues en el hospital, me apeaba a menudo del mundo. Dormir toda la noche del tirón era una utopía. Primero fueron las fiebres, pero luego las náuseas, el levantarse constantemente al baño por los sueros y la máquina de la parenteral, que había noches que pitaba constantemente, los ronquidos de mi compañera...
Así que cuando me desveleaba en mitad de la noche, me ponía el mp3 y a escuchar música. Bueno y a hacer que cantaba, que más de una noche y dos me han pillado las auxiliares con "mis conciertos".

Hoy he escuchado en las noticias que uno de los síntomas de la ansiedad es la falta de sueño.
¿Se me estará quitando la ansiedad?

martes, 27 de septiembre de 2011

Los "niños"

Hoy tuve que regresar al 12 de Octubre, para hacer una gestión en la cuarta planta dónde he pasado un mes de mi existencia.

He aprovechado la visita para saludar (y llevar un detallito a algunos) a los médicos y enfermeras que me han tenido que sufrir este tiempo (y que si alguno acepta los presupuestos que le tengo que pasar, me sufrirá un poco más). Manuel, uno de los cirujanos, no me conocía vestida de calle; Cristina seguía tan sonriente como siempre; Esperanza, que me regaló en una conversación lo que su nombre indica, me ha dado un abrazo enorme y me ha hecho mucha ilusión ver a los niños, con los que me he ido a tomar un agua y charlar un ratillo.

Los niños son los estudiantes de enfermería que llegaron a mi ala a primeros de septiembre: Olga, Karen y Álvaro. Aunque a Álvaro le veía menos, porque estaba en Intermedios, mi relación con ellos ha sido estupenda. Acostumbrada a, al menos, tres tomas de tensión diarias, acabé aprendiendo como funcionaban todos los tensiómetros y se lo enseñé a Olga y a Karen. Lo mismo que la bomba de la alimentación parenteral. Además, a mí me daba igual que fueran ellos los que me hicieran las curas (estaban supervisados). De los cuatro puntos que tenía en la vía, uno lo quito la enfermera y los otros, uno cada uno de ellos. Y Olga, que era la más madrugadora, me dejaban siempre dormir un poquito más.

Lo mejor de esta estancia, han sido los momentos que he compartido con algunas personas.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Apetito

Una persona muy próxima a mí padece de bulimia desde hace más de diez años. Aún sigue en tratamiento y todos, en su entorno, estamos pendiente siempre de ella, atentos a una posible recaída. Estos últimos días, está siendo sometida a diversas pruebas médicas por unos problemas del aparato digestivo, consecuencia de la bulimia. Una lástima este contratiempo, porque en los últimos años ha mejorado mucho de su enfermedad, gracias al apoyo incuestionable de su novio, al que, los que la queremos, nunca estaremos suficientemente agradecidos.

Ayer me llamó por teléfono y estuvimos charlando. Ella, preocupada por las pruebas y sabiendo del intensivo que me he hecho este último mes, me preguntaba si eran dolorosas o molestas. Después de esta conversación y otra posterior, estuve pensando.

Tras mi operación, nunca tengo hambre. Es lógico, porque además de que me sacio enseguida por la capacidad de mi estómago, ya no sintetizo la misma cantidad de ghrelina. Así que como porque tengo que alimentarme.

Pero desde que salí del hospital tras esta última estancia, reduzco al mínimo (y lo reduciría más, si no fuera porque tengo a gente pendiente de mí), la ingesta de alimentos y bebidas. Cierto es que los batidos que me han mandado no contribuyen mucho, pues están asquerosos, pero ni siquiera me atrae alguno de mis platos o bebidas favoritas. Los miro con aprensión, con asco. Supongo que me puede el temor a que se suelten los clips del estómago. Con el paso de los días, cuando poco a poco se calmen las molestias y vaya comiendo algo más, aunque sean líquidos, me iré acostumbrando nuevamente a comer y recuperaré algo el apetito.

O eso quiero creer.

jueves, 18 de agosto de 2011

Contigo aprendí

Ninguno de los dos cumple ya los setenta años.

Él es alto y al ver como lleva de apretado el cinturón, ha tenido que adelgazar últimamente. Tiene una sonrisa agradable, enmarcada por un bigote algo ralo. La expresión de su rostro es de bondad, de esos abuelitos a los que te dan ganas de achuchar y luego sentarse a su lado a escucharles hablar.
Ella es bajita y muy menuda. Las gafas le bailan sobre la nariz y tapada con la manta y con la vía en el brazo, tiene aspecto de desvalida. Pero su rostro cambia y se ilumina cuando su marido se acerca a ella.

Ambos están en las urgencias del hospital, dónde yo espero entre los temblores causados por la fiebre. Llamaron de inmediato mi atención por los gestos de cariño que se dedicaban y porque me resultó curioso que ingresaran los dos al tiempo. Ah, y por lo cardo de una de sus acompañantes.

A él le acompaña, por lo que escucho, una nuera. Le van a dar el alta y ella le dice que se tiene que ir, que no va a volver a ver a su mujer hasta el día siguiente (cuando no son ni las ocho de la mañana). Emplea un tono tan indelicado, que a él le deja chafado y a ella, casi al borde de las lágrimas. Y a mi mirándola con inquina, sin ningún disimulo.
La otra acompañante, que curiosamente se llama también Silvia, trata de calmarla diciéndola que ella le cede su etiqueta de visitante. Y yo pienso que si ella no se la cede, yo le mango una, que me fijé dónde las guardaban.

La nuera insiste en que se tienen que ir y veo que mi tocaya hace verdaderos esfuerzos por no mandarla a hacer puñetas y montar el número en la sala de urgencias. Llega el momento de la despedida y con disimulo, observo a la pareja de abuelillos.

Él se inclina y le susurra al oído algo que no logro escuchar, pero que a ella le arranca una sonrisa, antes de darse un beso, con las manos enlazadas. El beso es breve, pero sabes que es de esos cargados de amor.
Ella le ve alejarse, despacio, con una expresión triste. Él se gira por última vez y le sonríe antes de salir.

Y yo, que con cuarenta de fiebre y todo, sé cuando presencio algo bonito y que te enseña algo, no dejo de mirar con ternura mientras en mi cabeza suena una canción, que creo que podría ser la banda sonora de esa pareja de ancianos desconocidos.

martes, 9 de agosto de 2011

Noche de insomnio

Apenas he dormido nada esta noche. Toda la noche sentada en la cama, dándole vueltas a diversos acontecimientos de estos días. Llevaba casi dos meses durmiendo como un bebé y había perdido la costumbre de una noche en vela.

Ayer tuve un par de conversaciones no sé si interesantes o no, pero que me tuvieron cavilando.

En la primera, ejercí de paño de lágrimas y se puede resumir en lo que he puesto en el Caralibro: Y entonces llega un día en el que te miras en el espejo y todo rastro de esa inocencia que tenías parece haberse esfumado y ves más sombras que luces; que los brillos de tus ojos no son por alegría sino por lágrimas. Si eso es hacerse mayor, menuda puta mierda.

Me hubiera gustado dar un poco más de consuelo y de alivio a mi interlocutor, pero muchas veces me siento torpe haciéndolo, pues soy más de exigir que de calmar. Ahí me siento como esa persona fría, el "cubito de hielo" que algunos dicen que soy. Quizás. O quizás es que lo que a mí me calma, como puede ser el simple hecho de estar ahí, de un abrazo o una mano sobre mi mano, a otros les resulta insuficientes si no se llena de parloteo y de buen rollito.

La otra conversación...
No sé porque les llamo conversaciones cuando apenas abrí el pico. Y en ésta, más a propósito. La persona contra la que quería descargar mi bilis no estaba presente y aunque lo hubiera estado, me dí mi palabra a mi misma de que no iba a hacerlo. No porque crea que esa persona se merezca mi templanza, más bien todo lo contrario, sino porque haría daño a personas a las que quiero y que, para su desgracia, también quieren a esa persona. Y es que la verdad duele demasiado la mayoría de las ocasiones...
Así que volví a ejercer de paño de lágrimas en silencio, tragándome mi bilis y sus lágrimas, mientras apretaba los puños de rabia.

Pero es que ahora eso de tragar y zampar yo lo llevo fatal y por eso, el insomnio.
Rebullía en la cama como un toro en los corrales a punto de salir a la plaza. Me levanté, bebí agua, puse la tele, música, intenté leer... Nada.
Todo en lo que pensaba no tenía que ver precisamente con la paz de espíritu y sí con el deseo de sacar toda esa bilis y ser cruel con algunas personas. Tal y como ellas, de un modo más sútil, lo están siendo con personas a las que quiero. Pero no lo hice. Me odio demasiado a mí misma cuando dejo salir esa bilis-odio y luego me cuesta mucho perdonármelo.

Así que toda la noche la he dedicado a un ejercicio de reconciliarme conmigo misma y tratar de ignorar esa sensación de odio. Me ha costado casi toda la noche, pero al fin, encontré varios momentos de respiro. Una lectura que me reconcilió con el mundo. Ésta. Tras la primera lectura, decidí aparcarla y no empozoñarla con mi visión del mundo en ese momento, pues era algo demasiado bello.
Más tarde, buscando un libro, ví el avión rojo que me dibujó Félix en la estantería. Y mi barco de papel que me hizo Ainhoa cuando estaba en el hospital y que era mi pertenencia más preciada durante mi estancia. Al poco, sonreí y releí el episodio de ternura.

Siempre dije que lo que verdaderamente me calma, son los niños y la necesidad de preservar su inocencia.

martes, 19 de julio de 2011

Cosas del día a día

Corre de un lado a otro, con pasos algo inseguros, pues hace poco que está aprendiendo a caminar. Se le oye venir desde lejos, por las sandalias que lleva, que hacen ruido con cada paso. Con su pelo rapado y con su cara redondita, parece un pequeño buda. Su nombre es Ji Yie, aunque casi todo el mundo le llama Juanito.

Sus padres regentan una de las tiendas multiprecio que hay cerca de mi oficina y como no tiene con quién dejarlo, Juanito pasa el día con ellos. Bueno, cuando no está paseando por la zona dónde está la tienda de sus padres. Va correteando al Dia o al bar de César o simplemente por el jardín.

Casi todos los comerciantes y vecinos de la zona, estamos pendientes de él y de sus andanzas. Hasta mis sobrinos, sobre todo Ainhoa, están pendientes de él y juegan todos juntos.
A mí me pilla algo más a desmano, pero si estoy en la terraza del bar de César o voy a comprar al mercado o la farmacia, me fijo en él. Cuando me ve, me saluda con la mano y yo le hago cuatro tonterías y estoy pendiente de que no se caiga o que nadie le haga daño. O ahora que no como nada comparto con él el aperitivo que me ponen. Como hacemos casi todos. Y es que me temo que las cosas no le van bien a sus padres y no come como debiera hacer un peque de su edad.

Esta noche tomando algo en la terraza de César, comentaba, al ver como todos estábamos pendientes de Juanito, que eso es lo que se hacía antes, que ahora nos hemos vueltos demasiado egoístas y que la tribu (nuestro entorno, nuestra sociedad) debería hacerse cargo de la educación de los niños en su conjunto y no delegar ésta en los Teletubbies (o lo que es peor, en el Sálvame)

A ver si aprendemos de una vez lo gratificante que es preocuparse por otros...Además de que una sonrisa de Juanito vale un potosí.

lunes, 4 de julio de 2011

Hospital

Llevo unos días intentando escribir sobre mi reciente estancia en el hospital, pero después del alta, toca reajustarse a la realidad.

Todo ha ido muy rápido. Una semana antes de mi ingreso, me habían dicho que seguramente me operarían en septiembre u octubre. Presenté una reclamación y no sé si fue esa la causa, pero me llamaron el lunes, para ingresar el martes y operarme el miércoles.

En estos meses que he estado esperando, cada vez que pensaba en la operación, se me ocurría el peor de los escenarios posibles. Vamos, me ha faltado pensar que me contagiaban el Ébola. Pero fue llegar al hospital y todo el nerviosismo desaparecer. Tanto, que me quedé dormida la noche antes de la operación antes de que me trajeran el Lexatín.

Del quirófano, poco recuerdo. Que hacia frío y que para calmarme a mí misma, recurrí a algo que siempre me suele funcionar: el humor. Y me acordé de esta película.



Mi último pensamiento antes de caer dormida, fue que yo quería mi máquina que hiciera "ping". Y en los momentos de consciencia en reanimación, incluso me reí a carcajadas porque había un montón de máquinas que hacían ping.

La recuperación, salvo por un episodio de anemia, ha ido sobre ruedas. No he tenido dolores y no soy de quejarme y como pude levantarme enseguida, no se me ha hecho muy pesado. Entre los paseos, el Caralibro, los mensajes de personas a las que les imposta, cosas del trabajo, las lecturas y el estudio...

Y las visitas. Si comparamos con mi última compañera, a la que ha visitado todo el pueblo, he recibido pocas. Mi familia (incluidos mis sobrinos, que estuvieron en el vestíbulo y a los que ví unos minutos), amigas y amigos y algunas sorpresas como la visita de mi amiga Mariví que vino ex-profeso desde Ávila o el socio que se presentó el domingo con la familia. ¡Qué bien lo pasamos! Aunque al principio su niño se asustó al ver la vía que tenía puesta en la yugular, luego nos reímos bastante.

He tenido tiempo también para observar a otros. Y a mí misma.
Muchas mañanas iba a echar un ratillo con Avelina, una mujer mayor a la que entre semana no visitaba nadie. Si podía, la sacaba a pasear un ratillo y si no, escuchaba sus historias o le leía una revista del corazón que tenía, porque no veía muy bien. Tenía fama de quejica entre las enfermeras, pero era más bien soledad que dolores físicos.
Aunque mi objeto de estudio externo favorito era un tipo, bastante cretino, llamado Martín Vladimir y que estaba en la habitación frente a la mía. Reconozco que me cayó mal desde el primer día y tras un par de incidentes que presencié con las enfermeras y con la supervisora de planta (incidente en el que me costó mucho no acercarme a él y darle dos guantazos bien dados) mi valoración de él no mejoró. Un listillo prepotente que iba de abusón por la vida (cuidadín, que era periodista de investigación... ¡¡Menuda chorrada!!)

Respecto a mí, he tenido mucho tiempo para pensar. En todos los cambios que la operación va a provocar y en los que estos últimos años, se han producido en mí; en las cosas realmente importantes y en las personas que quiero que sigan formando parte de mi vida o no. Aún queda trabajo por hacer para acercarme a la clase de persona que quiero ser, pero piano, piano... Además, no estoy tan mal (y el físico no tiene nada que ver en esto).

En fin, ha sido el principio de un cambio muy importante en mi vida, pero que afronto con todo el optimismo y todas las energías de las que soy capaz de disponer.