miércoles, 28 de septiembre de 2011

Marmota

En el anterior apunte, comentaba que Olga, una de los niños, me dejaba dormir un poquito más por las mañanas, algo que agradecía enormemente. Y que contribuyó a cimentar mi fama como la marmotilla del pasillo.

Y es que me he dado cuenta de que dormir es mi particular remedio para todo.
¿Qué me aburro? Duermo.
¿Tengo hambre y no puedo comer? Duermo.
¿Estoy triste? ¡¡¡A la cama!!!
¿De mala leche? A los brazos de Morfeo.
Hasta se me pasaban las borracheras con una siestecita de media hora...
Creo que es mi forma de parar el mundo, apearme y reiniciarme a mí misma.

Pues en el hospital, me apeaba a menudo del mundo. Dormir toda la noche del tirón era una utopía. Primero fueron las fiebres, pero luego las náuseas, el levantarse constantemente al baño por los sueros y la máquina de la parenteral, que había noches que pitaba constantemente, los ronquidos de mi compañera...
Así que cuando me desveleaba en mitad de la noche, me ponía el mp3 y a escuchar música. Bueno y a hacer que cantaba, que más de una noche y dos me han pillado las auxiliares con "mis conciertos".

Hoy he escuchado en las noticias que uno de los síntomas de la ansiedad es la falta de sueño.
¿Se me estará quitando la ansiedad?

martes, 27 de septiembre de 2011

Los "niños"

Hoy tuve que regresar al 12 de Octubre, para hacer una gestión en la cuarta planta dónde he pasado un mes de mi existencia.

He aprovechado la visita para saludar (y llevar un detallito a algunos) a los médicos y enfermeras que me han tenido que sufrir este tiempo (y que si alguno acepta los presupuestos que le tengo que pasar, me sufrirá un poco más). Manuel, uno de los cirujanos, no me conocía vestida de calle; Cristina seguía tan sonriente como siempre; Esperanza, que me regaló en una conversación lo que su nombre indica, me ha dado un abrazo enorme y me ha hecho mucha ilusión ver a los niños, con los que me he ido a tomar un agua y charlar un ratillo.

Los niños son los estudiantes de enfermería que llegaron a mi ala a primeros de septiembre: Olga, Karen y Álvaro. Aunque a Álvaro le veía menos, porque estaba en Intermedios, mi relación con ellos ha sido estupenda. Acostumbrada a, al menos, tres tomas de tensión diarias, acabé aprendiendo como funcionaban todos los tensiómetros y se lo enseñé a Olga y a Karen. Lo mismo que la bomba de la alimentación parenteral. Además, a mí me daba igual que fueran ellos los que me hicieran las curas (estaban supervisados). De los cuatro puntos que tenía en la vía, uno lo quito la enfermera y los otros, uno cada uno de ellos. Y Olga, que era la más madrugadora, me dejaban siempre dormir un poquito más.

Lo mejor de esta estancia, han sido los momentos que he compartido con algunas personas.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Apetito

Una persona muy próxima a mí padece de bulimia desde hace más de diez años. Aún sigue en tratamiento y todos, en su entorno, estamos pendiente siempre de ella, atentos a una posible recaída. Estos últimos días, está siendo sometida a diversas pruebas médicas por unos problemas del aparato digestivo, consecuencia de la bulimia. Una lástima este contratiempo, porque en los últimos años ha mejorado mucho de su enfermedad, gracias al apoyo incuestionable de su novio, al que, los que la queremos, nunca estaremos suficientemente agradecidos.

Ayer me llamó por teléfono y estuvimos charlando. Ella, preocupada por las pruebas y sabiendo del intensivo que me he hecho este último mes, me preguntaba si eran dolorosas o molestas. Después de esta conversación y otra posterior, estuve pensando.

Tras mi operación, nunca tengo hambre. Es lógico, porque además de que me sacio enseguida por la capacidad de mi estómago, ya no sintetizo la misma cantidad de ghrelina. Así que como porque tengo que alimentarme.

Pero desde que salí del hospital tras esta última estancia, reduzco al mínimo (y lo reduciría más, si no fuera porque tengo a gente pendiente de mí), la ingesta de alimentos y bebidas. Cierto es que los batidos que me han mandado no contribuyen mucho, pues están asquerosos, pero ni siquiera me atrae alguno de mis platos o bebidas favoritas. Los miro con aprensión, con asco. Supongo que me puede el temor a que se suelten los clips del estómago. Con el paso de los días, cuando poco a poco se calmen las molestias y vaya comiendo algo más, aunque sean líquidos, me iré acostumbrando nuevamente a comer y recuperaré algo el apetito.

O eso quiero creer.

jueves, 18 de agosto de 2011

Contigo aprendí

Ninguno de los dos cumple ya los setenta años.

Él es alto y al ver como lleva de apretado el cinturón, ha tenido que adelgazar últimamente. Tiene una sonrisa agradable, enmarcada por un bigote algo ralo. La expresión de su rostro es de bondad, de esos abuelitos a los que te dan ganas de achuchar y luego sentarse a su lado a escucharles hablar.
Ella es bajita y muy menuda. Las gafas le bailan sobre la nariz y tapada con la manta y con la vía en el brazo, tiene aspecto de desvalida. Pero su rostro cambia y se ilumina cuando su marido se acerca a ella.

Ambos están en las urgencias del hospital, dónde yo espero entre los temblores causados por la fiebre. Llamaron de inmediato mi atención por los gestos de cariño que se dedicaban y porque me resultó curioso que ingresaran los dos al tiempo. Ah, y por lo cardo de una de sus acompañantes.

A él le acompaña, por lo que escucho, una nuera. Le van a dar el alta y ella le dice que se tiene que ir, que no va a volver a ver a su mujer hasta el día siguiente (cuando no son ni las ocho de la mañana). Emplea un tono tan indelicado, que a él le deja chafado y a ella, casi al borde de las lágrimas. Y a mi mirándola con inquina, sin ningún disimulo.
La otra acompañante, que curiosamente se llama también Silvia, trata de calmarla diciéndola que ella le cede su etiqueta de visitante. Y yo pienso que si ella no se la cede, yo le mango una, que me fijé dónde las guardaban.

La nuera insiste en que se tienen que ir y veo que mi tocaya hace verdaderos esfuerzos por no mandarla a hacer puñetas y montar el número en la sala de urgencias. Llega el momento de la despedida y con disimulo, observo a la pareja de abuelillos.

Él se inclina y le susurra al oído algo que no logro escuchar, pero que a ella le arranca una sonrisa, antes de darse un beso, con las manos enlazadas. El beso es breve, pero sabes que es de esos cargados de amor.
Ella le ve alejarse, despacio, con una expresión triste. Él se gira por última vez y le sonríe antes de salir.

Y yo, que con cuarenta de fiebre y todo, sé cuando presencio algo bonito y que te enseña algo, no dejo de mirar con ternura mientras en mi cabeza suena una canción, que creo que podría ser la banda sonora de esa pareja de ancianos desconocidos.

martes, 9 de agosto de 2011

Noche de insomnio

Apenas he dormido nada esta noche. Toda la noche sentada en la cama, dándole vueltas a diversos acontecimientos de estos días. Llevaba casi dos meses durmiendo como un bebé y había perdido la costumbre de una noche en vela.

Ayer tuve un par de conversaciones no sé si interesantes o no, pero que me tuvieron cavilando.

En la primera, ejercí de paño de lágrimas y se puede resumir en lo que he puesto en el Caralibro: Y entonces llega un día en el que te miras en el espejo y todo rastro de esa inocencia que tenías parece haberse esfumado y ves más sombras que luces; que los brillos de tus ojos no son por alegría sino por lágrimas. Si eso es hacerse mayor, menuda puta mierda.

Me hubiera gustado dar un poco más de consuelo y de alivio a mi interlocutor, pero muchas veces me siento torpe haciéndolo, pues soy más de exigir que de calmar. Ahí me siento como esa persona fría, el "cubito de hielo" que algunos dicen que soy. Quizás. O quizás es que lo que a mí me calma, como puede ser el simple hecho de estar ahí, de un abrazo o una mano sobre mi mano, a otros les resulta insuficientes si no se llena de parloteo y de buen rollito.

La otra conversación...
No sé porque les llamo conversaciones cuando apenas abrí el pico. Y en ésta, más a propósito. La persona contra la que quería descargar mi bilis no estaba presente y aunque lo hubiera estado, me dí mi palabra a mi misma de que no iba a hacerlo. No porque crea que esa persona se merezca mi templanza, más bien todo lo contrario, sino porque haría daño a personas a las que quiero y que, para su desgracia, también quieren a esa persona. Y es que la verdad duele demasiado la mayoría de las ocasiones...
Así que volví a ejercer de paño de lágrimas en silencio, tragándome mi bilis y sus lágrimas, mientras apretaba los puños de rabia.

Pero es que ahora eso de tragar y zampar yo lo llevo fatal y por eso, el insomnio.
Rebullía en la cama como un toro en los corrales a punto de salir a la plaza. Me levanté, bebí agua, puse la tele, música, intenté leer... Nada.
Todo en lo que pensaba no tenía que ver precisamente con la paz de espíritu y sí con el deseo de sacar toda esa bilis y ser cruel con algunas personas. Tal y como ellas, de un modo más sútil, lo están siendo con personas a las que quiero. Pero no lo hice. Me odio demasiado a mí misma cuando dejo salir esa bilis-odio y luego me cuesta mucho perdonármelo.

Así que toda la noche la he dedicado a un ejercicio de reconciliarme conmigo misma y tratar de ignorar esa sensación de odio. Me ha costado casi toda la noche, pero al fin, encontré varios momentos de respiro. Una lectura que me reconcilió con el mundo. Ésta. Tras la primera lectura, decidí aparcarla y no empozoñarla con mi visión del mundo en ese momento, pues era algo demasiado bello.
Más tarde, buscando un libro, ví el avión rojo que me dibujó Félix en la estantería. Y mi barco de papel que me hizo Ainhoa cuando estaba en el hospital y que era mi pertenencia más preciada durante mi estancia. Al poco, sonreí y releí el episodio de ternura.

Siempre dije que lo que verdaderamente me calma, son los niños y la necesidad de preservar su inocencia.

martes, 19 de julio de 2011

Cosas del día a día

Corre de un lado a otro, con pasos algo inseguros, pues hace poco que está aprendiendo a caminar. Se le oye venir desde lejos, por las sandalias que lleva, que hacen ruido con cada paso. Con su pelo rapado y con su cara redondita, parece un pequeño buda. Su nombre es Ji Yie, aunque casi todo el mundo le llama Juanito.

Sus padres regentan una de las tiendas multiprecio que hay cerca de mi oficina y como no tiene con quién dejarlo, Juanito pasa el día con ellos. Bueno, cuando no está paseando por la zona dónde está la tienda de sus padres. Va correteando al Dia o al bar de César o simplemente por el jardín.

Casi todos los comerciantes y vecinos de la zona, estamos pendientes de él y de sus andanzas. Hasta mis sobrinos, sobre todo Ainhoa, están pendientes de él y juegan todos juntos.
A mí me pilla algo más a desmano, pero si estoy en la terraza del bar de César o voy a comprar al mercado o la farmacia, me fijo en él. Cuando me ve, me saluda con la mano y yo le hago cuatro tonterías y estoy pendiente de que no se caiga o que nadie le haga daño. O ahora que no como nada comparto con él el aperitivo que me ponen. Como hacemos casi todos. Y es que me temo que las cosas no le van bien a sus padres y no come como debiera hacer un peque de su edad.

Esta noche tomando algo en la terraza de César, comentaba, al ver como todos estábamos pendientes de Juanito, que eso es lo que se hacía antes, que ahora nos hemos vueltos demasiado egoístas y que la tribu (nuestro entorno, nuestra sociedad) debería hacerse cargo de la educación de los niños en su conjunto y no delegar ésta en los Teletubbies (o lo que es peor, en el Sálvame)

A ver si aprendemos de una vez lo gratificante que es preocuparse por otros...Además de que una sonrisa de Juanito vale un potosí.

lunes, 4 de julio de 2011

Hospital

Llevo unos días intentando escribir sobre mi reciente estancia en el hospital, pero después del alta, toca reajustarse a la realidad.

Todo ha ido muy rápido. Una semana antes de mi ingreso, me habían dicho que seguramente me operarían en septiembre u octubre. Presenté una reclamación y no sé si fue esa la causa, pero me llamaron el lunes, para ingresar el martes y operarme el miércoles.

En estos meses que he estado esperando, cada vez que pensaba en la operación, se me ocurría el peor de los escenarios posibles. Vamos, me ha faltado pensar que me contagiaban el Ébola. Pero fue llegar al hospital y todo el nerviosismo desaparecer. Tanto, que me quedé dormida la noche antes de la operación antes de que me trajeran el Lexatín.

Del quirófano, poco recuerdo. Que hacia frío y que para calmarme a mí misma, recurrí a algo que siempre me suele funcionar: el humor. Y me acordé de esta película.



Mi último pensamiento antes de caer dormida, fue que yo quería mi máquina que hiciera "ping". Y en los momentos de consciencia en reanimación, incluso me reí a carcajadas porque había un montón de máquinas que hacían ping.

La recuperación, salvo por un episodio de anemia, ha ido sobre ruedas. No he tenido dolores y no soy de quejarme y como pude levantarme enseguida, no se me ha hecho muy pesado. Entre los paseos, el Caralibro, los mensajes de personas a las que les imposta, cosas del trabajo, las lecturas y el estudio...

Y las visitas. Si comparamos con mi última compañera, a la que ha visitado todo el pueblo, he recibido pocas. Mi familia (incluidos mis sobrinos, que estuvieron en el vestíbulo y a los que ví unos minutos), amigas y amigos y algunas sorpresas como la visita de mi amiga Mariví que vino ex-profeso desde Ávila o el socio que se presentó el domingo con la familia. ¡Qué bien lo pasamos! Aunque al principio su niño se asustó al ver la vía que tenía puesta en la yugular, luego nos reímos bastante.

He tenido tiempo también para observar a otros. Y a mí misma.
Muchas mañanas iba a echar un ratillo con Avelina, una mujer mayor a la que entre semana no visitaba nadie. Si podía, la sacaba a pasear un ratillo y si no, escuchaba sus historias o le leía una revista del corazón que tenía, porque no veía muy bien. Tenía fama de quejica entre las enfermeras, pero era más bien soledad que dolores físicos.
Aunque mi objeto de estudio externo favorito era un tipo, bastante cretino, llamado Martín Vladimir y que estaba en la habitación frente a la mía. Reconozco que me cayó mal desde el primer día y tras un par de incidentes que presencié con las enfermeras y con la supervisora de planta (incidente en el que me costó mucho no acercarme a él y darle dos guantazos bien dados) mi valoración de él no mejoró. Un listillo prepotente que iba de abusón por la vida (cuidadín, que era periodista de investigación... ¡¡Menuda chorrada!!)

Respecto a mí, he tenido mucho tiempo para pensar. En todos los cambios que la operación va a provocar y en los que estos últimos años, se han producido en mí; en las cosas realmente importantes y en las personas que quiero que sigan formando parte de mi vida o no. Aún queda trabajo por hacer para acercarme a la clase de persona que quiero ser, pero piano, piano... Además, no estoy tan mal (y el físico no tiene nada que ver en esto).

En fin, ha sido el principio de un cambio muy importante en mi vida, pero que afronto con todo el optimismo y todas las energías de las que soy capaz de disponer.

domingo, 19 de junio de 2011

Dedicado a ...

Es que hay personas, entre las que me incluyo, que no se enteran... O que no quieren darse por enteradas.

martes, 31 de mayo de 2011

Sshhh...Aaah

Como es habitual en estas fechas, salgo muy tarde de la oficina. Llego a casa agotada y creo que el propio cansancio, hace que me cueste conciliar el sueño. Y si no, los calores o los mosquitos...
Además, aunque sé que no voy a obtener buenos resultados, me levanto temprano a estudiar y para más tarde, a ayudar a preparar a los nanos para ir al cole. Nanos que nos respetan el descanso dominical. Así que estoy que me caigo de sueño. Literalmente.

Porque esta mañana, que iba a la oficina en mi momento zombie, he tropezado y caído al suelo cuán larga soy. Mi reacción, con el dolor del golpe, ha sido sentarme, agarrarme la pierna y quejarme. Y entonces, recordé la escena que sigue a continuación.



El barrendero miraba sorprendido, dudando si ayudar a la tipa esa (moi) que estaba en el suelo, con un siete en el pantalón y la rodilla despellejada y sangrando, muerta de la risa.

lunes, 30 de mayo de 2011

Feria del libro

Justo antes de salir de casa, cayó un chaparrón impresionante. Mi hermana y mi madre me miraban como diciendo "Está loca, se van a poner como una sopa", pero no dijeron nada. Tuvimos suerte y la lluvia cesó al salir del portal. Así que pertrechados con calzado cómodo, unas botellas de agua y unos paraguas plegables, salimos hacia el Retiro. Llegamos a la puerta de Alcalá y ese cielo azul, tan bonito, que tiene Madrid, estaba esperándonos.

Mi sobrino se puso a dar botes emocionado. ¡¡Tía, tía, la puerta de Alcalá!! ¡¡La hemos visto en el cole!! mientras mis sobrinas tarareaban, pues no saben más, Mírala, mírala, la puerta de Alcalá.
Mientras caminábamos hacia el Paseo de coches, esquivando a gitanas con el romero les iba contando que había sido la puerta de Alcalá y el Parque del Retiro. Me da que mis explicaciones no les gustaron tanto como el hecho de prometerles que iríamos a pasar un día allí con las bicis o los patines, que montaríamos en una barca de remos y que tomaríamos un helado y el sol sobre el césped.

Al llegar a la zona de las casetas de feria, comenzaron a tirar de mí uno para cada lado. Y es que todo les llamaba la atención, desde la exposición de fotografías que hasta unos facsímiles preciosos. Pero yo tenía un objetivo claro en mente, una sorpresa que estaba segura que les gustaría.

- Tía, ¿me compras un libro de Gerónimo Stilton?
- ¡¡A mí de Pupi!!
- Tía, a mí de Peter (Peter Parker, más conocido como Spiderman. Pero es que mi sobrino ya tiene confianza con él....)
- Vale, pero primero tenemos que ir a un sitio, que me quiero comprar un libro de terror y hay que esperar cola...


Casi se les salen los ojos de las órbitas, sobre todo a la mayor, cuando nos acercamos a la caseta y allí nos estaba esperando, recién llegado de Ratonia, ¡¡¡Gerónimo Stilton!!! Basta decir, que mi sobrino que aún no sabe leer, ha dormido con el tebeo de Gerónimo que le ha firmado y que le estoy leyendo (sobre el descubrimiento de América). Y que los tres se los han llevado al colegio.

Pero si Gerónimo es el ídolo de la mayor, Pupi es la lectura favorita de la mediana. Así que, nuevamente, nos dirigimos a una caseta, "A ver si esta vez me puedo comprar mi libro de cuentos de terror....".
Pupi no había llegado (su nave sufrió un pequeño retraso) pero la amable dependienta que nos atendió, nos sopló cuando va a firmar y me veo en un futuro próximo en una cola rodeada de niños para que me firme unos libros un extraterrestre azul con cara simpática. Que no me hago cola para que me firmen un libro para mí y me espero para que lo haga un muñeco azul... Y en un futuro aún más próximo, haciendo un Pupi de cartulina tal y cómo explican en el libro que compramos.

Después de un par de paseos arriba y abajo más y algo acalorados, salimos del Retiro para regresar a casa. Pero antes, pasamos por la Casa Árabe, dónde había un cuentacuentos. Sentados sobre cojines y a la sombra de una carpa, mientras escuchábamos música beréber, descubríamos la historia del Príncipe Ramiro el Miedoso. Y la de Azur y Asmar, cuya película tenemos que ver.

Fue una mañana de domingo muy divertida, descubriendo con los peques el placer de la lectura y disfrutando del sol primaveral.

Eso sí, al final, me vine sin mi libro de cuentos de terror...

miércoles, 18 de mayo de 2011

Democracia ya! 15-mayo

No con toda la atención que quisiera (el trabajo que me tiene en la oficina muchas horas), voy siguiendo este tema. Y aunque quizás sea un poco pronto para analizar todo lo que está pasando en Madrid y en otras ciudades de España con el llamado movimiento 15-M, me gustaría pensar un poco en voz alta.

Recibí la convocatoria a través de Caralibro, por medio de un amigo al que considero una persona cabal y me planteé asistir, pues estoy harta de esta situación. Además, el apadrinamiento de la iniciativa por parte de José Luis Sampedro, fue algo que también llamó mi atención.

En mi caso, estoy harta de esos ineptos que no saben dar una a derechas (la clase política, pero también los huevones de españoles que les justifican contra viento y marea), que sólo se preocupan de mantener su culo en la poltrona y no en lo necesario, que no significa que tenga que ser agradable, para la mayoría de los españoles. Estoy cansada de los 17 reinos de Taifas (y dos ciudades autónomas), de coches oficiales, del "¿qué hay de lo mío?", de subsidios, ayudas y su puñetera madre en verso. Y de matarme a trabajar para comprobar que el fruto de mi trabajo cada vez vale menos.
Pero sobre todo, estoy preocupada por el futuro de mis sobrinos, porque no creo que vaya a tener hijos. ¿Qué mierda les vamos a dejar entre todos?

Ahora, después de ver ciertas imágenes en internet y en televisión, creo que mi no asistencia (provocada por un compromiso familiar) fue lo mejor que pude hacer. Veo demasiadas coincidencias entre este "movimiento popular" y algunos partidos de extrema izquierda, cosa que no me gusta.

Además, aún nadie me lo ha sabido responder, ¿y después qué? Y no quiero utopías, quiero realidades (aunque duelan, que dolerán para muchos), con numeros y cuentas claras, para ver que coste supone cada una de sus sugerencias. ¿Qué coste económico y productivo tiene el reparto laboral para las empresas? ¿Con qué pagamos el subsidio de 426 euros para los parados de larga duración? ¿Y al personal sanitario para la eliminación de listas de espera?

Y luego está todo el circo mediático que está rodeando esto. He visto algunas imágenes que me han parecido lamentables y que no contribuyen mucho a que se me pase la desesperanza que me embarga estos días.

Primero, los politicos de turno, como las declaraciones de Bono en las que decía que él hubiera estado en esa manifestación. Como siempre, a los políticos les sobra oportunismo y les falta coherencia. ¿Quieres ir a protestar? Pues presenta tu dimisión y te vas a pegar voces a Sol todo lo que quieras y más.

Y algunos testimonios de manifestantes, que eran para llorar. Esta mañana uno ha acaparado mi atención. Tanto que iba dándole vueltas camino de la oficina.
Una chica en Barcelona, en la acampada de Plaza de Cataluña. No creo que tuviera muchos años menos que yo e iba ella muy mona con su gorro de cowboy y un pañuelo al cuello, en plan fashion victim que no sabías si venía de acampada o de tomarse algo en un pub. El periodista le ha preguntado porque estaba ahí.
"Es que llevo cinco años en el paro. Antes era camarera y florista".
Reconozco que mi cerebro no ha oído más y se ha quedado con el "cinco años en el paro".
¡¡¡¿¿¿Cinco años en el paro???!!! ¿Y a qué coj... has estado esperando para emigrar? ¿A que te cayera el trabajo del cielo?

Esperaré a ver como se desarrolla todo esto, pero mi fé en que esto provoque un cambio real a mejor, es más bien poca.

Deseo equivocarme.

Editado: Después de ver su web, ¿me pueden facilitar el teléfono de contacto del programador? Porque si es un movimiento popular, no creo que ande sobrados de fondos y tienen una web que no está nada mal. Y a mí hacer una decente para mi trabajo me cuesta un huevo.

domingo, 8 de mayo de 2011

Un pirata llamado Jorge

Esta tarde iba en el autobus, escuchando a Louis Armstrong y Billie Holiday en el mp3, mientras disfrutaba de un sol espléndido tras toda la mañana lloviendo.
En una parada cercana a Atocha, ha montado una mujer de más o menos de mi edad, con un niño de unos tres años, que ha llamado mi atención. Y es que llevaba un enorme sable de juguete que trataba ceremoniosamente, con mimo. Asi que he dejado el mp3 en pausa y me he dedicado a observarle.

La mujer se ha sentado a mi lado, mientras el niño daba saltos en el pasillo, hasta que unos minutos más tarde, con el autobus detenido por un atasco (provocado por la manifestación de hoy), ella se ha sentado (algo referente a que los piratas mantienen el equilibrio) que es lo que ha dicho, pero el niño ha contestado a la madre y yo me he reído.

- ¿Ves, Jorge? La señora se ha reído porque te vas a caer. Anda siéntate.

El niño ha contestado a la madre, ordenándole que se callara y se me ha quedado mirando. Y yo, quizás metiéndome en lo que no me llaman, le he dicho que no se podía contestar así a los mayores, que los niños no tienen que dar órdenes a los mayores, sean piratas como afirmaba o no. No sé si es el tono que he empleado (que le ha llevado a la madre a preguntarme si era maestra) o que lo he acompañado con una sonrisa, pero Jorge, que así se llamaba el niño, ha pedido perdón a su madre y se me ha quedado mirando.

Ya he comentado que yo respondo siempre a ciertas provocaciones y más si vienen de niños, así que he comenzado a charlar con él, preguntándole por su sable. Y así, he descubierto que era un capitán Sparrow pequeñito y sin bigote, que se sabía todos los personajes de las películas de Piratas del Caribe (incluidos barcos). Me ha contado como había un dragón al que le arrancaban los dientes, como salían esqueletos con sables ¡y un pulpo gigante!. También me ha contado que le gustaba Bob Esponja y un capítulo en que se convertía en pirata (su obsesión) y que ayer había visto "El retorno de Jaffar" y con su lengua de trapo, me ha contado el argumento de cabo a rabo, dándome incluso el nombre de los personajes secundarios. Creo que le ha animado a ello ver que tenía frente a sí a una niña de metro setenta que le hablaba de Abismal o Iago.

Hemos estado cerca de diez minutos charlando, mientras su madre hablaba por el móvil, diciéndole que si quería ser un verdadero pirata, tenía que aprender a nadar y navegar; mientras él me contaba que había montado en una barca en el Retiro y había remado y que había barcas que tenian palos de los que colgaban las velas.
Por el rabillo del ojo, podía ver a una pareja de mujeres sentadas al otro lado del pasillo, que comentaban mi paciencia con el crío. Lo que no se han dado cuenta es que él también demostraba mucha paciencia, al tener que enseñarme a ser un poco pirata de nuevo.

Ha llegado el momento de la separación. La madre se ha despedido agradeciéndome mi paciencia y yo me he despedido de Jorge deseándole buenos vientos (y sacándole la lengua, como él ha hecho, cuando su madre no nos ha visto).

A veces, vienen bien estos encuentros con los maestros pequeñitos.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Cáscara vacía

He pensado que estoy triste y en ese momento, me he puesto a llorar. Pero las lágrimas eran frías, racionales y al pensar sobre ello, desaparecieron. Ni siquiera dejaron un poso amargo. O triste. Ni nada de nada.

Me quedo pensando unos instantes. Sí sé que me duele y me provoca tristeza, ¿por qué me siento tan ajena a mí misma? ¿Será cosa del cansancio? No tengo más del habitual y mi tiroides está bien. Y los problemas, pues los de siempre. Todo sigue igual que siempre, así que no puede ser.
Quizás sea ese el problema, pero pienso que no es ese. No, no estoy cansada de estar cansada. De hecho, no estoy nada.

¿Y entonces? Busco algo que me provoque risa. Pienso en aquel día en que me reí escuchando un monólogo y me río. Acaba el pensamiento y con él mi risa. Y la misma sensación de que no ha quedado nada. Como si fuese impermeable.

Pienso en tu sonrisa, en nuestras conversaciones, en tu voz. También en la de él, en su forma de abrazarme, en su sabor... Sonrío y al cambiar de pensamiento, no queda ni siquiera el calorcito ese de las cosas buenas.
También pienso en las cosas malas: en la incertidumbre, en tus medias verdades, en mis cabreos... pero nada. Ni me despeino y pronto me resbala.

Creo que tendría que angustiarme al pensar que no siento, pero nada. Toco mi piel. Está fría a pesar de que hace calor.

Un pensamiento cruza mi cabeza como un fogonazo. Muy apropiado. Recuerdo un poema de Burton: Cerilla y Palillo y la imagen que lo acompaña.

Quizás de sentir, me he autoconsumido y ya no queda nada que alimente ese calor. O quizás siempre ha sido así y no he vendido otra cosa más que una farsa y hoy se acabó la opereta.

sábado, 30 de abril de 2011

Avenue Q

Sé que llegan los exámenes y que no lo llevo especialmente bien. Pero llevo un período con mucho estrés y necesitaba desconectar. Así que me fui con una amiga a ver la obra de teatro "Avenue Q", un musical un tanto irreverente y que me había recomendado un amigo.

Un barrio de Nueva York un tanto inusual, con unos vecinos que son muñecos en plan Barrio Sésamo. Y acaba ahí todo el parecido, porque no es una obra para niños pequeños (Una de las frases de un personaje, Lucy la Guarra: Yo tuve una cita con un monstruo una vez... pero luego me volví loca intentando quitarme pelos de los dientes).
Se habla de sexo, de porno en la red, de racismo, de beber, del fracaso... pero también de amor, de luchar por los sueños. Vamos, de muchas de las cosas de la vida real.

Me mondé de risa. Hasta que se me saltaron las lágrimas. Y en muchos momentos, me sentí identificada con los personajes.

En mi Caralibro, he puesto un vídeo de uno de los números, Internet es para el porno. Aquí os dejo otro de los números, Si tú fueras gay, interpretado por Nicky y Rod (para mí, los modernos Epi y Blas, porque ahora, de mayor, estoy convencida de que eran gays).

miércoles, 27 de abril de 2011

De zombies bailongos

Como he comentado en alguna ocasión, tengo la costumbre de poner en mi televisión canales de vídeos musicales. Últimamente, los pongo a la hora del desayuno, visto que si a mis sobrinos les pongo dibujos animados, me cuesta más que desayunen.

Hace ya unos cuantos meses, Félix vió el vídeo Thriller, de Michael Jackson (que pongo a continuación), y le asustó un poco, pues no llegaba ni a los cuatro años de edad.



El miedo le duró poco, porque la que esto suscribe empezó a contarle la historia de su amigo Paco el zombie y estuvimos todo un fin de semana con el tema. Y con Pepe el vampiro y Perico, el hombre-lobo...Una que tiene amistades un poco extrañas, porque también tenemos una bruja buena y un fantasma al que le gustan los polos de fresa y cuando se los come, se le pone la sábana rosa.
Al final, hasta le hacían gracia los zombies, sobre todo cuando le dije que en Halloween nos íbamos a disfrazar de zombies bailongos.

Hace un par de días, el siguiente vídeo lo echaron en uno de los canales y Ainhoa saltó, ¡Mira si se convierten en zombies con la música! Pero sin estar muertos...
Esta mañana, lo primero que me ha dicho Félix, después de darme un beso, al levantarse ha sido "Tia, ponme el vídeo de los zombies vivos".



Como es el moreno que me quita el sentido y me tiene cogida la medida para estas cosas, no sólo hemos puesto el vídeo (que nos gusta a los cuatro), sino que tengo que enseñarles a bailarlo.

Me veo tomando clases de baile en un futuro no muy lejano...

domingo, 24 de abril de 2011

Glenn Miller

En mi comentario al anterior artículo, le hablaba a Fran de una canción de Glenn Miller que me encantaba de pequeña. ¡La encontré!



Pero es que buscando, encontré otra que también me gustaba, Chattanooga Choo Choo y que me recuerda a una amiga que ya no está.



Y ya que estamos, quizás la más conocida de Glenn Miller, junto a Moonlight Serenade, In the mood.


A quién le guste esta clase de música, le recomiendo ver la película interpretada por James Stewart "Musica y lágrimas" sobre Glenn Miller y escuchar su banda sonora.

sábado, 23 de abril de 2011

Regalito de mi mp3

Creo que mi mp3 es un ser vivo y con un poco de mala baba. O no, y hace que me enfrente a mis demonios.

Día del libro: La peste de Albert Camus

Hoy se celebra el día del Libro y como no puedo regalaros un libro, os dejo un fragmento de una de mis novelas favoritas, que marcó mucho mi existencia, La peste de Albert Camus. Os recomiendo su lectura si no lo habéis hecho y deseo que os regalen muchos libros y rosas.


Al cabo de unos cuantos días, cuando llegó a ser evidente que no conseguiría nadie salir de la ciudad, tuvimos la idea de preguntar si la vuelta de los que estaban fuera sería autorizada. Después de unos días de reflexión, la prefectura respondió afirmativamente. Pero señaló muy bien que los repatriados no podrían en ningún caso volver a irse, y que si eran libres de entrar no lo serían de salir.

Entonces algunas familias, por lo demás escasas, tomaron la situación a la ligera y poniendo por encima de toda prudencia el deseo de volver a ver a sus parientes invitaron a éstos a aprovechar la ocasión. Pero pronto los que eran prisioneros de la peste comprendieron el peligro en que ponían a los suyos y se resignaron a sufrir la separación. En el momento más grave de la epidemia no se vio más que un caso en que los sentimientos humanos fueron más fuertes que el miedo a la muerte entre torturas. Y no fue, como se podría esperar, el de dos amantes que la pasión arrojase uno hacia el otro por encima del sufrimiento. Se trataba del viejo Castel y de su mujer, casados hacia muchos años. La señora Castel, unos días antes de la epidemia, había ido a una ciudad próxima. No era una de esas parejas que ofrecen al mundo la imagen de una felicidad ejemplar, y el narrador está a punto de decir que lo más probable era que esos esposos, no tuvieran una gran seguridad de estar satisfechos de su unión. Pero esta separación brutal y prolongada los había llevado a comprender que no podían vivir alejados el uno del otro y, una vez que esta verdad era sacada a la luz, la peste les resultaba poca cosa.

Ésta fue una excepción. En la mayoría de los casos, la separación, era evidente, no debía terminar más que con la epidemia. Y para todos nosotros, el sentimiento que llenaba nuestra vida y que tan bien creíamos conocer (los oraneses, ya lo hemos dicho, tienen pasiones muy simples) iba tomando una fisionomía nueva. Maridos y amantes que tenían una confianza plena en sus compañeros sufrían de celos. Hombres que se creían frívolos en el amor, se volvían constantes. Hijos que habían vivido junto a su madre sin mirarla apenas, ponían toda su inquietud y su nostalgia en algún trazo de su rostro que avivaba su recuerdo. Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados, incapaces de reaccionar contra el recuerdo de esta presencia todavía tan próxima y ya tan lejana que ocupa ahora nuestros días. De hecho sufríamos doblemente, primero por nuestro sufrimiento y además por el que imaginábamos en los ausentes, hijo, esposa o amante.

En otras circunstancias, por lo demás, nuestros conciudadanos siempre habían encontrado una solución en una vida exterior y más activa. Pero la peste los dejaba, al mismo tiempo, ociosos, reducidos a dar vueltas a la ciudad mortecina y entregados un día tras otro a los juegos decepcionantes del recuerdo, puesto que en sus paseos sin meta se veían obligados a hacer todos los días el mismo camino, que, en una ciudad tan pequeña, casi siempre era aquel que en otra época habían recorrido con el ausente.

Así pues, lo primero que la peste trajo a nuestros conciudadanos fue el exilio. Y el cronista está persuadido de que puede escribir aquí en nombre de todo lo que él mismo experimentó entonces, puesto que lo experimentó al mismo tiempo que otros muchos de nuestros conciudadanos. Pues era ciertamente un sentimiento de exilio aquel vacío que llevábamos dentro, aquella emoción precisa: el deseo irrazonado de volver hacia atrás o, al contrario, de apresurar la marcha del tiempo, eran dos flechas abrasadoras en la memoria.


viernes, 22 de abril de 2011

Un rayo de Esperanza

Aquí estoy, sabiendo que mi traición, que no es tal, está a punto de ser consumada. Condenando mi nombre y el de los míos ante los ojos de los hombres por toda la Eternidad, cumpliendo su encargo. Y aunque es duro confiar cuando sabes que aquellos a quien quieres van a sufrir daño y no puedes evitarlo, la esperanza de que al descubrirse su verdadera gloria, los Hijos de los Hombres comprendan por fin su mensaje; compensa ese sufrimiento.

Todos los compañeros intuían que tendría que llegar este momento. Quizás Pedro, el más impulsivo entre nosotros, creía que no iba a ser necesario y que su Gloria se demostraría a base de fuego y azufre contra los ímpios. Creo que le impresionó mucho la narración del arrebato que tuvo Jesús hace unos años en el Templo. Jesús siempre se ríe con su impulsividad, como un padre que lo hace ante los juegos de sus chiquillos.

Sólo María la de Magdala y yo sabemos realmente lo que va a suceder. Yo llevo desde la niñez al lado de aquel al que los otros llaman Maestro y al que yo puedo llamar hermano. Desde aquel primer día en Egipto, cuando ese mocoso más pequeño que yo, comenzó a enseñarme lo que es verdaderamente importante.

Pero esa mujer sorprendente... Yo he tenido una vida para aprender sobre la dicha de amar y entregarse a otros, pero esta mujer, cuyo pasado otros afean, aprendió sólo en pocos meses. Quizás él no sé dé cuenta, pero yo sé que ella desearía que él la amase como un marido ama a su esposa y sabe que eso nunca llegará. Y ocultando ese deseo ante sus ojos, sigue junto a él, arropándole cuando tiene frío y caminando a su lado, dándole la mano cuando duda.

¿Cómo será nuestra vida después de que él ya no esté? Todo es más nítido con él cerca, como si se llenase de luz. ¿Seré capaz de seguir confiando en la entrega y en el Amor sin su báculo? Hace unas horas, en el huerto mientras el resto dormía, le confié mis dudas.

- Empiezas a parecerte a Tomás - dijo riéndose y apoyó su mano en mi brazo - No seas tonto, hermano. Ya lo has hecho. Pocos serían capaces de entregarse como tú, de vivir en el Amor. A pesar del dolor que te causa separarte de tu amigo, del miedo a perder tu seguridad y tu futuro, te has entregado a cambio de una esperanza para otros.

Oigo los gritos de la multitud que jalea su camino al Gólgota cada vez más cerca. ¡Es insoportable!. ¿Cómo pueden estar cargados con tanto odio ante la personificación del Amor? Ellos, niños desagradecidos, no vieron su rostro cuando regresé acompañado de sus captores al huerto. Esa arruga de preocupación que le surca la frente después de haber estado meditando, dudando sobre si será capaz de cumplir lo que está escrito para él. Cuando me vió aparecer, me sonrió con dulzura pero a la vez con determinación. No pude evitar que las lágrimas mojaran sus mejillas al dar el beso que habíamos acordado como rúbrica al sacrificio.

Le veo acercarse. Mi hermano herido y humillado cargando con la cruz que va a ser el instrumento de su muerte. Y las lágrimas vuelven a mojar mis mejillas. Quisiera correr hacia él, limpiar la sangre de sus heridas y cargar con su cruz. Pero éste es el último de los sacrificios que él me ha pedido. Tengo que aguantar impávido entre la multitud, aunque no lo logre...

- ¿Ve a aquel reo? He aquí treinta monedas de plata si le ayuda a llevar su cruz hasta el Calvario - el hombre me mira intrigado, cogeó el saquito de piel con las monedas y se acerca a Jesús.

Jesús se ha quedado sorprendido por la ayuda inesperada. Levanta sus ojos hacia el cielo y es cuando, por un instante, nuestras miradas se cruzan. Y me sonríe con afecto.

Una eternidad cargada de oprobio es poco precio para un rayo de Esperanza como ese...

jueves, 21 de abril de 2011

Desahogo

Llevo varios días muy cansada. Se han juntado varios factores y me noto al límite de mis energías. Curiosamente, me cuesta dormir y estoy haciéndolo muy pocas horas diarias. Ya he comentado en alguna otra ocasión, que soy como los niños pequeños. No duermo y estoy con el diente torcido.

Así que como sé que estoy así procuro no hablar mucho de nada importante, porque así evito discusiones y el hacer daño a otros, que pueda generar mi susceptibilidad. No siempre lo logro y quién me conoce y me aguanta, me sufre (Nunca les agradeceré lo suficiente su paciencia al soportar mis petardeces).

Me resulta complicado cerrar el pico cuando veo algo que no considero justo o correcto, pero esta vez, puede más la sensatez. Quizás por eso, me estoy desahogando por aquí.

Hay algo que me enerva y me tensa casi de inmediato: los aduladores. Esas personas que sin apenas conocerme empiezan a cantar mis virtudes (que son más bien pocas) provocan que desconfíe de ellas. Si se juntan varios, en plan adoración casi mesiánica, me entran ganas, a partes iguales, de salir corriendo lejos de la secta o liarme a repartir collejas.
Así que cuando me encuentro con un grupo de ellos, no me siento precisamente cómoda.

En un ambiente que frecuento, me he encontrado un grupo de aduladores. Seguramente sea más sensato, congraciarse siempre con el "líder" (en este caso, el que manda, pero que desde mi punto de vista, no lidera) y mi forma de pensar, además de anacrónica, sea peligrosa para mi tranquilidad. Me importa un pito.
Me parece ridículo y peligroso observar como casi besan el suelo por dónde camina por haber hecho su trabajo rutinario (un trabajo por el que, por cierto, le pagan). Tiene tintes de secta. No ha cometido ninguna heroicidad, simplemente cumple con su obligación. Ya está. Es como si mi padre me hiciera la ola cada vez que llego a la oficina...

Cuando pensaba que ya había aguantado y visto demasiadas tonterías en ese ambiente, un miembro de la especie humana volvió a sorprenderme y no gratamente. Y es que presenciar berrinches en plan "pues ahora me enfado, no respiro y no os ajunto" en personas de mi edad me resulta bochornoso. ¡Lo que me ha costado morderme la lengua y no saltar y darle motivos para que se enfadase de verdad!

He pensado que quizás he exagerado todo por el cansancio del que hablaba antes, pero no soy la única que ha visto lo mismo.
Ahora me encuentro en una encrucijada: soy sensata, me trago la bilis que me provocan y me callo. O bien, hago lo que me pide el cuerpo y les hago ver lo rídiculo de su actitud, sabiendo que me voy a ganar unas cuántas enemistades y a incrementar mi fama de rebelde y elemento subversivo.

Lo consultaré con la almohada. Si logro dormir...