jueves, 4 de marzo de 2010

Tienes un e-mail...

*Cling*
El programa gestor de correo avisa de la llegada de un nuevo correo. Mira distraídamente el icono que se ha instalado en la barra de tareas, pero sigue leyendo la prensa.

*Cling*
Un nuevo aviso, esta vez de la cuenta del Messenger que no usa. Seguro que es algún correo ofreciendo Viagra o con alguna de esas cadenas para ser feliz y enamorar a quién te enamora, sólo por reenviar el correo a no sé cuántas personas. Paparruchas.

Vuelve a su prensa, aparcando los correos. Después de leer tantas "buenas" noticias, necesita echarse unas risas para hacer las paces con el planeta. Seguramente en el correo tenga algo...
Abre el programa, pero en vez de encontrar algún correo lleno de chistes, ve un correo suyo. Bromas y chistes como es habitual entre ellos. La mayoría de los días no se le hace duro que sigan siendo solo amigos, pero hoy, no sabe muy bien porque, no es uno de esos días.

Con un regusto amargo en la boca, cierra la tapa del portátil y se acerca hasta la cocina a por una cerveza. Quizás le quite el mal sabor de boca...

Vuelve a sentarse frente al ordenador, tamborileando con los dedos sobre la tapa. Bebiendo y fumando, piensa en porque todo tiene que ser tan complicado. Se termina la cerveza y sigue sin tener nada claro.
Duda entre tomarse otra cerveza o volver al ordenador. Quizás sea alguna pulsión masoquista, pero levanta la tapa del portátil. Aunque resiste la tentación de releer sus palabras...

Abre el correo del Messenger. Setenta y pico correos sin leer. Entre anuncios de Viagra, correos en que le informan sobre premios multimillonarios y las dichosas "cadenas", ve una dirección familiar. ¿Cuánto hace que no sabía nada de ellos? ¿Diez años? Y tenía que ser precisamente hoy...
Siente la tentación de enviarlo directamente a la papelera, pero la curiosidad le puede.

Mirad que grande está ya nuestro peque...

Y una foto. Un niño pequeño, riéndose. Con unos enormes ojos color chocolate. Prácticamente iguales a aquellos que tanto añora.

No puede contenerse y cierra el portátil de un manotazo, como si con ese gesto, pudiera cortar el torrente de recuerdos. Y el dolor.
Enciende un pitillo, procurando calmarse. Por un lado, se siente miserable por no alegrarse por la alegría de personas a las que aprecia. Pero por otro, esa foto representa lo que quiso, lo que pudo haber tenido... Y que ya no tendrá.

*Cling*
Su teléfono móvil. ¿Qué viejo fantasma será esta vez? Fuma lentamente, mirando el móvil con desconfianza. Lo coge unos segundos, sopesando si abrir el mensaje o no.

Finalmente, deja el móvil sobre el portátil y regresa a la cocina.
Quizás la botella de vodka que tiene enfriándose en la nevera le sirva para encontrar alguna respuesta.

O para adormecer el dolor...

4 comentarios:

Kalia dijo...

Añoranzas. Dolor.
Me gusta tu relato.
Pulsas el alma con las pues de tu escritura. Se nota que vives lo que cuentas. Y lo re-creas.

¡Madera! ¡Más madera!

Turulato dijo...

Fin de la madera. Que hay que ponerle una puerta a lo que no puede ser. Nos guste o no.

Fran dijo...

Hace un par de días que me dijiste que todos tus relatos se inspiraban en la realidad.
Como dice Turulato, hay que poner ciertas puertas y dejar de lamentarse por lo que no puede ser. Aunque joda.
¿Hablamos?

Silvia dijo...

Fran, una cosa es que los inspiren y otra cosa es que sean realidad.

Algo de lo narrado, me sucedió no hace mucho, pero ya está. No me dió ni por la cerveza (que no me gusta) ni por el vodka ni gaitas. Lo vivo, me aguanto los dolores y arreando. Como mucho, cuando pasa el tiempo, escribo sobre ello y lo coloco en perspectiva.

De todas formas, añoranzas tenemos todos. Por muchas puertas que se pongan, a veces surgen como un torrente. Se dejan que pasen, se arreglan los daños y a otra cosa.