sábado, 2 de enero de 2010

Hetaira (II)

La vida profesional de Laia transcurría exitosamente. Cada vez tenía más trabajo. No se limitaba a ser un cuerpo bonito o follar estupendamente, sino que se molestaba en formarse y cubrir ciertas lagunas, para saber estar cuando sus clientes lo precisaran. Aunque la clave de su éxito, lo que le hacía distinta de otras chicas de la agencia, es que les hacía sentir especiales, logrando sacar lo mejor de cada uno. Machotes a los que tenían más dudas sobre su virilidad, tiernos a los que se manejaban peor en el aspecto emocional...

Cualquiera podría pensar que era todo de color de rosa, pero no era así. Había tenido que bregar con toda clase de clientes. Los había que sólo querían un poco de compañía al llegar a una ciudad extraña y algo de sexo. Los que querían desahogar el pito, frustrados por relaciones incompletas. O los que iban a desahogar la cabeza y para los que actúaba como una especie de confidente. Los que le atraían físicamente o le causaban franca repulsión.
Como otro de sus primeros clientes. Nada más abrir la puerta de la habitación, sintió que iba a tener que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no rechazar sus caricias. No sabía si tenía un hombre ideal o no, pero estaba segura de que ese tipo era la antitesis de él.

Pero lo peor no eran los hombres por los que no se sentía atraída físicamente. Con estos, había aprendido a encontrar rápidamente ese algo atractivo más allá del físico y que lo hacía todo mucho más fácil.
Lo peor eran aquellos que porque pagaban sacaban todas esas negruras que llevaban dentro y que descargaban contra ella. Los que la hacían sentir un simple objeto y no una persona.

En la agencia le habían dicho que David era un nuevo cliente, con muchos contactos en las altas esferas. Carmen, su "jefa", que le había conocido, le contó que era un hombre joven, guapo y atlético. Todo un bombón.
David iba a estar ese fin de semana en Madrid y quería a una mujer complaciente, a su entera disposición.

Como no podía ser de otra manera, el lugar de cita elegido fue una suite de un prestigioso hotel de lujo. Iba tranquila y relajada, pensando en que ese fin de semana más que de trabajo, sería de placer. Un placer por el que cobraría más que lo que cobraba en dos meses de trabajo de su verdadero yo.
Al abrirse la puerta, no pudo evitar dar la razón a Carmen. El hombre que la abrió, atavíado sólo con un albornoz, era todo un bombón. Pero hay bombones de lo más amargos...
Apenas cruzó el umbral de la puerta, el "bombón" la cogió del pelo y la obligó a arrodillarse, pegando su cara contra sus genitales, mientras le abría la boca para violarle la boca con fiereza. Le costaba respirar y las lágrimas se le saltaban de los ojos mientras intentaba relajar su garganta para controlar las arcadas y las ganas de vomitar.

Nunca había tenido remilgos con el sexo oral. De hecho, era algo que le encantaba y que se le daba estupendamente. Sabía que la mayoría de los hombres se excitaban sobre manera siendo ellos los que llevaran el control, con cierta brusquedad. Y ella jugaba a cedérselo. Pero aquello, tan de repente, le había pillado por sorpresa. No lo cedía, se lo habían arrebatado.

Las embestidas fueron cada vez más violentas, hasta que notó un líquido viscoso llenando su garganta y una mano aferrando fuerte su cabeza, pegándola al vientre, mientras se ahogaba. Cuando él se apartó, cerrando el albornoz entreabierto, tosió en busca de aire, intentando recuperar el resuello.

- Y ahora, zorra, al baño a darte una ducha.. Y sin mirarla, se dió media vuelta y se fue al salón de la suite.

Tirada ahí, en el vestíbulo de la suite, con el rimmel corrido por las lágrimas y aún con la sensación de ahogo, se sintió, por primera vez, una puta. Había dejado de ser una persona, para convertirse en un pedazo de carne. Un juguete con el que complacer el capricho de otro. Menos que nada.

(Continuará.. otra vez sin batería en el trasto)

3 comentarios:

Fran dijo...

No sé si me gusta o no.
No es que esté mal escrito, más bien al contrario. Es que me haces estar en esa suite y me da asco, quiero volver la cara. Pero también mirar por el rabillo del ojo a ver que sucede.

Kalia dijo...

Bien. Es un relato fuerte. Pero me refiero a la fuerza que se trasmite con la palabra escrita cuando es capaz de dibujar escenarios, pintar sensaciones y colorear tan profundamente el sentimiento que puede arrastrar la imaginación del lector y hacerle compartir el escenario y vivir intensamente la emoción que se cuenta. ¿Continuará?

Un poco tarde l comentario, pero...
Abrazos.

Silvia dijo...

Continuará, pero no ahora. Cuando escribo, intento plasmar con palabras lo que veo en mi cabeza. Y siento de un modo vívido.
Ahora no me siento con energías para soportar los sentimientos que esta historia me inspira, pero lo haré.

Nunca es tarde para comentar algo
Un abrazo