viernes, 7 de enero de 2011

Otro batiburrillo (esta vez sobre sentimiento religioso)

Anoche me quedé dormida viendo Fallen. No pasará a la historia del cine como una obra maestra, pero la idea principal me resulta interesante.


Por lo que recuerdo, he estado soñando con la película, con los Reyes Magos y con el apóstol Tomás, todo ello mezclado con personas a las que quiero y otras de mi entorno.
Leí una vez que nuestros sueños son la forma que tiene el cerebro de ordenar la información de segundo plano que percibimos a diario. Siguiendo esa teoría entiendo la presencia en mi sueño de todos los elementos menos del apóstol Tomás.

Vale que de todos los apóstoles a los que se menciona en la Biblia, es el que más me gusta. Siento por él y por Judas Iscariote, una extraña simpatía. (Aviso a navegantes: Que manifiestes esa simpatía por Judas el Traidor, delante de un profesor del Opus Dei más radical, no suele ser bueno. Hablo por experiencia).
Y es que Tomás Dídimo (del que se especula que pudiera ser uno de los cuatro hermanos de Jesús) me parece de lo más humano. Quiere creer, pero duda.

Hace muchos años, buscando entender ese sentimiento divino que sé que existe, pero que no sé explicar, me leí todos los libros religiosos que cayeron en mis manos. La Biblia . El Corán, La Toráh, el Tao Te King, el Libro del Mormón y unos cuántos evangelios apócrifos. Y hasta las revistas de los Testigos de Jehová.
He de decir que no saqué mucho en claro con mi búsqueda y que años más tarde, sólo con la experiencia y las conversaciones con alguien muy importante para mí, fui entendiendo algo más. Aunque no mucho y de ahí siempre mis dudas. Y mi simpatía por Tomás.

Uno de los evangelios apócrifos que leí fue el atribuido a Dídimo Judas Tomás. Hay versos que sigo sin entender, pero muchos me gustan y los siento y entiendo, procurando vivir mi día a día así, aunque no siempre lo logre.

Hace unos días, mi sobrina Ainhoa me preguntó sobre Dios. No es la primera vez que lo hace. También lo ha hecho Aroah. Soy cauta al hablar con ellas de este tema. Primero, porque su padre es ateo y no quiero meter en líos a mi hermana ahora que estamos con lo de la custodia. Y sobre todo, porque yo que nada sé, siento miedo a confundirlas. Así que suelo limitarme a contarles historias de la Biblia, centrándome en el aspecto moral de Jesús y sus enseñanzas. Lo hago como si fueran cuentos, pues creo que así lo entienden mejor.
Pero ese día, Ainhoa insistía. ¿Y qué pasa si no creo en Dios? ¿Voy al infierno? me preguntaba con cara asustada. No sé porque le contesté como le contesté, pero sí que me di cuenta de que estaba convencida de ello. Y al verla pensativa por un instante y sonreír después, creo que acerté.

Quizás todo se reduzca a ser más como los niños y no a tratar de entender, sino de sentir.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

La fantasía no te abandona ni en sueños !!Y encima la variedad ,y la memoria ,que a mí se me olvidan enseguida !!

Turulato dijo...

Si, sentir. Pero no es posible un sentimiento verdadero que no se transforme en obras. Hasta aquí llego. Más allá me pierdo. Y entiéndeme bien: No se, en consecuencia, si siento o solo pienso.

Silvia dijo...

Matizaré: sentir y obrar como lo hacen los niños. Son inmediatos.
Procuro obrar aunque no siempre lo hago. Quizás por eso dudo.

Kalia dijo...

Cuando somos consciente de que no entenderemos nunca de verdad apenas nada, parece que la respuesta está en ese "sentir como niños". Pero intuyo que ese camino de vuelta solo se hace de verdad si hemos recorrido antes todos los escalones en un camino de ida y de negación: pensar, dudar, renegar, empezar, prescindir, buscar hasta llegar a eso que no sabemos como llamarlo y le llamamos "sentir". Pero no puedo evitar sublevarme contra los que aceptan todo desde el principio y se creen en posesión de la verdad.