domingo, 5 de octubre de 2008

El fin de algunos mitos

Lo que no es óbice para reconocer que, desde poco antes de 1950, Europa subsiste porque ellos han resuelto muchos de nuestros problemas y que muchos americanos, que podían haber fallecido de una indigestión de hamburgs with ice cream, murieron defendiendo la libertad de los europeos.
Lo que parece jodernos. Y para agradecérselo, les tenemos tirria

(Esto es parte de un comentario de Turulato al anterior artículo).

Hace bastante tiempo, me reencontré con una compañera del instituto. Después del resumen, "de rigor", de nuestra existencia, nos pusimos a hablar de todo un poco delante de unas cervezas. Una de las cosas de las que hablamos, fue de política. Recuerdo que al hablar sobre el desplante que le hizo ZP a la bandera norteamericana, me mostré muy crítica con la actuación del ahora presidente del Gobierno. Mi amiga se sorprendió mucho al ver mi actitud en ese tema. Decía, en tono de crítica, que con lo poco amiga de los americanos que era en el instituto, ahora era todo lo contrario. A mí lo que me sorprendió es que le sorprendiera que quince años después, yo pudiera haber cambiado de postura en algunos temas.

Ayer recordé esa conversación al leer el comentario de Turulato.

Me crié (y vivo) en un barrio obrero. En mi casa no han sido nunca de izquierdas, pero el ambiente mayoritario que me rodeaba, sí lo era. De pequeña, recuerdo el OTAN no, Bases fuera, el No a las nucleares, muchos elogios al Ché o a Tierno Galván y el "yankees go home". Vietnam, la colaboración en el alzamiento de Pinochet, la "Guerra de las Galaxias" de Reagan, contribuían a la imagen negativa que tenía de los americanos. Los malos de la película.
Al mismo tiempo, leía bastantes obras de autores norteamericanos: Twain, Poe, Lovecraft, Hammett, Hemingway o Chandler y veía mucho cine norteamericano de los años 50-60, lo que me confundía un poco, al ver que los "malos" hacían algo bien (y tenían a Magic Johnson).
Algunos de mis profesores fomentaron esa idea antiamericana, bien por activa (como mi profesora de historia de 1º de BUP, comunista convencida) o por pasiva (tenía un profesor ultraderechista, simpatizante de la política de Reagan, con el que tuve muchas enganchadas y a éste era por llevarle la contraria en cualquier tema, que llevo muy mal que me intenten imponer algo o me den órdenes).

Pero vas creciendo, lees, te informas y empiezas a cuestionar tus ideas, aunque cuesta, porque están demasiado enraizadas. Pero hubo un suceso, un desencadenante. En el momento no lo pensé, pero al recordarlo más tarde, provocaba que dejara de mirarme el ombligo y moderara mi postura, contemplando otros puntos de vista.

El día estaba algo gris y caía, a ratos, una fina llovizna. Yo quería dar un paseo por las playas del famoso desembarco de Normandía, antes de salir al día siguiente para ver el Mont Saint-Michel. Íbamos en el coche, charlando sobre la II Guerra Mundial después de haber visitado Omaha Beach en Vierville-sur-Mer. Aparcamos y nos acercamos a la entrada del cementerio. En esa época, apenas había visitantes y disfrutamos de un pequeño paseo, oliendo la brisa impregnada de Atlántico. De repente, me quedé parada y en silencio ante la hilera interminable de cruces blancas que se presentaba ante mí. Noté, en ese silencio acompañado, con su brazo sobre mis hombros, como las lágrimas me caían a raudales por las mejillas. Muchos de los caídos, no tendrían cuando murieron ni la edad que tenía yo por aquel entonces. Chavales que habían cruzado el Atlántico para dejarse el pellejo por nosotros los europeos. Y cuya nación, muchos odiábamos y despreciábamos.

El año pasado, Steve, un ingeniero químico de Minnesota que conocí en el Prado, me hablaba de algunos mitos que se le habían derribado sobre los españoles durante su visita a España.
Supongo que el ir aprendiendo y esa visita a Colleville derribaron algunos de los míos sobre los norteamericanos.

2 comentarios:

Fran dijo...

Bueno, todos vamos evolucionando y nuestros puntos de vista pueden cambiar con el paso del tiempo.
No sé porqué, no me sorprende en absoluto tu reacción en Colleville. La que me sigue sorprendiendo, es la de aquellos que sacan la cámara o el vídeo antes que nada.

Kalia dijo...

Igual ocurre que cuando uno es joven tiende al pensamiento mítico. Puede ser que todavía no ha llegado la criba de la razón o la exposición ante los hechos de la vida.

Comparto de algún modo tu experiencia en cuanto a la evolución; desde los Yankees go home hasta una visión mucho más amplia de la Historia. Y desde luego, coincido: ¿qué sería hoy de nosotros los europeos, tan pacifistas tan nobles y sensibles que solo sabemos negar la guerra, si no fuera por esos americanos de zapatilla deportiva?