sábado, 9 de mayo de 2009

Un cuento importante

Al mediodía el médico nos informó de que mi abuela no llegaba a esta noche. Doscientos treinta y nueve kilómetros de nerviosismo después, que se me hicieron eternos, llegué al hospital con el temor de tener que despedirme de una carcasa vacía.
Ahora la quietud de la noche la rompe la máquina que le suministra la morfina, la luz mortecina de un amanecer incipiente y gris y su respiración. Está agitada y me temo que tras una de las apneas, no haya bocanada de aire. Aunque nos duela al resto, ella ya tiene que permitirse descansar.
Escribo para combatir el sueño pues me cuesta, por el cansancio acumulado, mantenerme despierta.

Hace un rato, el "gruñón" ha fallecido. Solo. La sobrina se iba de cena cuando yo llegué. Supongo que como ya no se enteraba, no había necesidad de hacer el paripé...

Mi hermana pequeña dormita a los pies de la cama. Ahora tiene los rasgos relajados pero sé lo asustada que está y lo culpable que se siente por no haber venido antes a ver a mi abuela.

En su sueño agitado mi abuela murmura algo en gallego. Muy raro ya que ella no emplea nunca su lengua materna. Sólo ante mi insistencia, porque me gusta su sonoridad, me cantaba alguna canción cuando era pequeña. No logro entender que es, parece como si hablara con alguien pero no sé de que sé trata. ¿Algún recuerdo de su infancia?. Me dijeron una vez que cuánto más mayores nos hacemos, intentamos entroncar con nuestras raíces, "cerrar" nuestro círculo vital. Quizás por eso estos días atrás hablaba de los castaños, de su tío Leandro que era conductor de diligencia, del párroco de su pueblo que escondía a los rojos de los falangistas, de los días nevados de invierno, de los niños...

Cuando habló por primera vez de los niños, pensé que era otro delirio de la morfina. Al fin y al cabo, unos minutos antes había visto a san Antonio. Los niños que acababan de llegar, que la cuidaban a ella, pero que había que sanar y cuidar, algo en lo que insistía mucho, me resultaban familiares. Al mencionarle eso a mi tía, me dijo que siempre que tenía fiebre, hablaba de los niños. Pero no, no era eso. A mi me sonaban de tiempo atrás, de cuando era una niña. De peque, era una niña "ideal" para los abuelos. A ellos les gustaba contar batallitas y a mí, escucharlas, pidiendo siempre más. Quizás por eso sé más cosas de mi familia materna que mi madre o mis tíos.
Así que me estrujé la neurona intentando recordar hasta que lo logré.

Dicen que ciertas vivencias de nuestra infancia condicionan nuestro carácter para el resto de nuestra existencia. En mi caso, ya que soy el sujeto que tengo más a mano, sé que es así y sabría decir exactamente cuales fueron, pero ese no es el tema.

No sé el año exacto y faltan muchos detalles porque me lo contaron como si de un cuento se tratase. Tampoco entendí en su momento la moraleja de ese cuento pero no importa.
Sé que era invierno, que mi bisabuela estaba en la cama con un resfriado y había estado nevando. Mi abuela, una adolescente, daba de comer a las pitas cuando los vio venir a lo lejos, como una suerte de Santa Compaña. Eran un grupo de huérfanos de la guerra que unas religiosas llevaban a Verín. Tiritaban de frío y tenían los zapatos raídos y cubiertos de barro. Las mujeres del pueblo, entre ellas mi abuela, una vez vencido el recelo inicial, comenzaron a cuidar a esos niños, mientras la chiquillería, jugaba con ellos. Una les daba un poco de caldo, otra un poco de tocino, la de más allá, cachelos... Compartiendo lo poco o mucho que tuvieran a cambio de un poco de brillo en los ojos de esos críos.

Quiero creer que este recuerdo y las profundas creencias de mi abuela, la hicieron la mujer generosa que siempre ha sido. No lo sé con seguridad y me jode no tener más tiempo para seguir indagando.

Vuelve a hablar de los niños. Le cojo la mano, siempre tan calentita (algo que yo heredé) y le digo en voz baja que no sé preocupe y esté tranquila, que yo los cuido.

Raquel pregunta de que hablamos y le digo que me recuerde otro día que le tengo que contar a ella y a mis sobrinos un cuento importante.

4 comentarios:

Fran dijo...

Cuando todo esto pase y tengas ganas, me voy a Madrid, nos tomamos unos vinos y me cuentas los cuentos importantes, que seguro disfruto de una gran jornada.
Un abrazo

Turulato dijo...

Estoy

Kalia dijo...

Sí, es un cuento importante, como todos los cuentos que nos ayudan a vivir.

Esos niños ahora vuelven, como vuelve siempre todo lo que hemos hecho bien a lo largo de la vida y llevan en el aire la esperanza del amor. También lo que hemos hecho mal nos acompaña siempre, pero lo que importa ahora es cuál de los dos lados es el que nos entrega al final, pues solo al final nuestra vida cobra su sentido.

Te deseo que las cosas vayan bien. Un abrazo.

Tha dijo...

Un abrazo enorme. Esas historias de nuestros abuelos hacen la Historia