jueves, 8 de abril de 2010

Emprendedores

Al leer este artículo de Turulato, he recordado un documental que estuve viendo el sábado pasado. Desafortunadamente, no pude verlo entero porque el cansancio hizo mella y me quedé dormida, algo a lo que pondré remedio en cuánto consiga el documental.

El documental en cuestión, estaba enmarcado en la Noche Temática de la 2 y versaba sobre don Eduardo Barreiros. Lo pillé por casualidad, haciendo zapping. Los automóviles no es algo que llame mucho mi atención, pero me quedé a verlo porque este señor, se convirtió en mi infancia, en una especie de ídolo a imitar. Me resultan admirables las personas emprendedoras, que se superan a sí mismas y las dificultades con ingenio. Y don Eduardo lo era.

A muchísima gente de mi edad, este nombre les sonará a arameo. Supongo que a mí me habría sucedido lo mismo si no fuera por las dos circunstancias que contribuyeron a idealizarlo, de pequeña, en mi mente.
La primera es que uno de mis abuelos trabajó en su empresa constructora, en una de las canteras (dejándose parte de sus pulmones en el proceso).
La otra, es que vivo cerca de dónde tuvo su principal factoría de automóviles (cuyos terrenos ahora ocupan Renault y Peugeot), en la que trabajaron alguno de mis vecinos más mayores, como Tomás.
Como he comentado en más ocasiones, siempre me gustó escuchar historias y batallitas que me han contado mis mayores. Todas las que escuché de don Eduardo, fueron buenas.

Hace no mucho, tuve una discusión sobre los emprendedores y la empresa. Y me encontré de nuevo, con la actitud cerril que identifica a los empresarios con explotadores sin sentimientos, como si fueran la encarnación del mal sobre la tierra.

Estoy convencida de que hay mucha gente como don Eduardo por ahí. No necesito que ninguna campaña publicitaria me lo diga. Pero tras esa conversación (que no es la primera que mantengo de este tipo) y sabiendo todas las trabas y pegas que se pone en este reino de taifas, entiendo que no salgan tanto a la luz. Se te quitan las ganas de hacer nada si te llevas un palo tras otro. Además, parece ser que esta mal visto por cierta parte de la sociedad eso de querer mejorar (tú y lo que te rodea) a base de esfuerzo y trabajo.

Pero bueno, vivo con la certeza de que los verdaderos emprendedores, se sobreponen a estas dificultades. Aunque sea, dejando atrás tanto cainismo.

3 comentarios:

Fran dijo...

Algún camión de Barreiros he visto yo de chaval, pero no conocía la historia detrás del creador. Ya me pasarás el documental.

Claro que estás convencida de que hay emprendedores por ahí. Lo eres. Y no te metas en esa clase de conversaciones, que no sacas nada en claro.

Kalia dijo...

Estoy de acuerdo en que en este país está como mal visto eso de ser "empresario" o sea, "emprendedor", como si el enriquecimiento fuese algo ilícito y sea solo posible a consta de la explotación o el engaño de otros. En el fondo estas ideas son herederas de el pensamiento tradicional español, muy católico él y muy noble, por el que dedicarse a negocios (no-ocios) era cosa de las clases inferiores, pues un noble no podía ni pensar en el dinero, aunque estuviera literalmente muerto de hambre. Y detrás del atraso económico de este país durante tanto tiempo estuvo esa idea, que luego fue transformada por el pensamiento de izquierda que criminalizó a todo aquél que consiguiera ganancias económicas, presumiendo que siempre habrán sido ocasionadas por el robo o el engaño. Y así nos va todavía, pues casi todos queremos ser funcionarios o vivir de rentas. ¡País!

Ahora que el señor Barreiros debió de saber relacionarse bien, porque tengo entendido que se llevaba bien con Francisco Franco y con Fideal Castro y que supo emparentar con el señor Polanco.

Turulato dijo...

El padre Alemany S.J. (q.e.p.d.) fue mi profesor. No era un cualquiera; tras perderme de vista, dio clases en Georgetown.
Nos explicaba que por esa mentalidad que criticas, España perdió un imperio; es decir, se empobreció hasta la extenuación. Mientras, el Reino Unido, y más tarde, su hijo los U.S.A., crearon el suyo gracias a lo contrario.