viernes, 11 de julio de 2008

Breakin' dishes

Antes de abrir la puerta de la habitación del hotel, mira el reloj de su muñeca. Pasan un par de minutos de las siete y media de la mañana.

Lo que iba a ser "nos tomamos un par y nos recogeremos temprano" se convirtió en una juerga en toda regla con sus amigos. Aunque técnicamente, temprano es.
Acabaron cerrando todos los garitos de la ciudad y su verticalidad se resiente un tanto después de consumir tanto alcohol. Fue una velada muy divertida y que culminó en abrazos con su amigo Chema en plena fase de exaltación de la amistad.

Ahora al recordar lo que ha pasado hace bien poco, siente alegría y le cuesta contener la risa. Pero piensa en las personas que duermen plácidamente en sus habitaciones y con un pequeño esfuerzo, adopta un gesto serio, mientras se descalza en el pasillo para no hacer ruido.

Abre la puerta con cuidado. Tanteando la pared de la izquierda, a oscuras, encuentra la puerta del baño. Ahoga un reniego de dolor provocado al golpearse con el bidé en una pierna mientras busca a tientas el interruptor de la luz. Cuando logra encender las luces que hay sobre el espejo, el reflejo que éste le devuelve le provoca un ataque de risa que ahoga mordiendo una de las toallas. No, si al final, va a despertar a alguien...

Se lava la cara con agua tibia y siente como se despeja un poquito. La nube etílica se va disipando y su lugar lo ocupa el cansancio de toda la noche de fiesta. Y un frío que se le ha metido hasta el tuétano al ir de bar en bar. Se desnuda y deja con cuidado la ropa sobre el bidé agresor, temblando de frio.

Será mejor que deje la luz encendida y la puerta entornada, que al final, me caeré y se despertará de mala baba.

Al salir del baño se da cuenta. La puerta del armario está abierta y el lugar que tendría que ocupar la ropa de su acompañante, lo ocupan unas perchas vacías.

¡Mierda! Movida.

Se pasa las manos por el rostro, con gesto cansado. Ni son horas ni está en condiciones de mantener una discusión interminable. Se iría a la calle, pero se muere por meterse entre mantas y dormir a pierna suelta, así que camina hacia el dormitorio como un condenado hacia el patíbulo.
Desde la puerta del dormitorio, ve una figura sentada en el sillón que hay frente a la cama. Intuye que el bulto que hay a su lado es la maleta.

Vale, escenita.


- ¿Tú te crees que estas son horas de llegar?.
Tono de cabreo en su voz. Seguramente tenga el rostro crispado por el enfado. No es capaz de verlo, pero por el tono de voz...

Se acerca a la cama y se mete entre las mantas. Los músculos ateridos de frío se van relajando y nota como la somnolencia empieza a hacerse con el control.

- Nos entretuvimos tomando algo y se nos hizo tarde. Siento haberte despertado. Anda, vuelve a la cama.
Será mejor que ignore la escenita y adopte un tono conciliador, aunque le fastidie esa conversación. Mmm, qué gustito entre las mantas...

- Claro, siempre que te juntas con tus amigotes se te hace tarde y a mí me ignoras, dejo de existir para ti. Y cuando no hay nadie, yo soy lo importante.
Vaya, toca sesión de victimismo.

- No es eso y lo sabes. - Le cuesta mantener los ojos abiertos y cada vez siente más sueño.
¿Podemos hablar por la mañana?

- No, de por la mañana nada. Me voy a casa y te quedas con tus amigotes. Conseguiste hartarme.

- No digas locuras. Es temprano, no has dormido mucho y los billetes de avión los tengo yo. ¿Cómo vas a volver?. Anda, vuelve a la cama y duerme un rato. Por la mañana, hablamos.

- No. Vamos a hablar ahora. ¿Pero qué coño te crees que estás haciendo? Hay terceras personas y pasas de mí. ¡¡No te importo una mierda!!.

- Mira, he bebido un par de copas de más. Tengo frío. Y sueño. No estoy en condiciones de discutir con nadie.

- Claro, te has ido de juerga, pasando de mí y encima vienes pedo. Y en toda la noche, no me has hecho ni puto caso.

Siente como empieza a agotarse su paciencia, pero a la vez, tiene tanto sueño.

- Para el carro. ¿Qué no te he hecho caso? Estabas hablando con otras personas y aunque no te he interrumpido, no te he perdido de vista. Te dije varias veces que si querías venir y preferiste irte a dormir. ¿Voy a tener que quedarme en la habitación viendo como duermes cuando a estas personas las veo una vez al año?. Venga, no saques las cosas de quicio, que ya somos todos mayorcitos.

- ¡¡No estoy sacando las cosas de quicio!!

Empiezan los gritos. Respira hondo para calmarse y no soltar una mala contestación.

- Me caigo de sueño y no quiero que me despiertes con tus berridos. Ahora, si no te importa, ¿podemos discutir después de que duerma un rato?.

- ¡¡Siempre hay que hacer las cosas como y cuándo tú quieres!!. Pues vamos a discutir ahora...

Sabe que enzarzarse en una discusión le alejará de su objetivo: dormir. Pero siempre le ha costado aguantar gilipolleces e imposiciones absurdas. Y más, cuando se muere por dormir.

- ¿Te das cuentas de que esto es ridículo? Si quieres hablar, adelante. Pero si me duermo, que no te sorprenda.

Durante unos minutos, intenta aguantar la filípica.
Oye la voz amortiguada y de vez en cuando, da un respingo al notar una subida en el tono. Se sujeta los párpados con los dedos para mantenerlos abiertos, pero cada vez los nota más pesados y le cuesta más abrirlos. Poco a poco, se va a acomodando en la cama. Con los ojos semicerrados, ve como empieza a amanecer.

Lo último que oye es un "me voy a casa". Murmura un "buen viaje", se da media vuelta en la cama y cae en los brazos de Morfeo.

6 comentarios:

alelo dijo...

Pero ¿qué pasó luego? ¿qué ocurrió cuando despertó con resaca? ¿Se había ido? ¿Había cumplido su amenaza? El público, como yo, merece un final de la historia. Si no lo pones ¿de qué vamos a hablar luego?

Lúcida dijo...

Alguno de los dos tiene razón? Gran debate del que no se sacará nada en claro.
Es curioso, se deduce que es una pareja, dos hombres? dos mujeres? hombre y mujer? quién se fue a dormir y quien de marcha... qué más da, la verdad.

La música me encanta.

Fran dijo...

Parece un poco un chiste de "llega el marido a casa borracho...", pero hay un transfondo por ahí detrás bastante triste.
Yo me pregunto como alelo sobre el final.

Kalia dijo...

Buena historia. Y me gusta cómo está contada. Muy plástica. Veo
claramente el rostro del chico cuando tropieza en el bidé. Y su perfil
psicológico aparece dibujado con precisión: piensa y siente como
chico. También parece la parte fuerte de la pareja. O ex-pareja. Yo
creo que la que espera para montar el numerito es chica. Ahí se la ve
en su terreno. ¿Me equivoco?

Aunque las historias abiertas están bien, a mí también me gustaría
saber cómo continúa...
Saludos

Turulato dijo...

Me resulta más interesante atender a lo que piensa y siente la persona que llega temprano que otros detalles finales del relato.

Silvia dijo...

Alelo, lo bueno de los finales abiertos es que son los inicios de muchas nuevas historias. Así que elige el que más te guste.

Lúcida, lo de escribir sin especificar el sexo de los protagonistas fue a propósito y complicado, pues en mi cabeza veía claramente quienes eran.
La canción inspiró que escribiera la historia, aunque está basada en hechos reales.

Fran, te digo como a alelo. Escoge tu final. En el mío, después de hacerse daño mutuamente, una de las partes se dió cuenta de que se estaban amargando la existencia y decidió poner punto y final para intentar ser feliz de otra manera.

Kalía, gracias y bienvenida. Quizás sea más frecuente que seamos nosotras las que nos comportemos como quien espera despierto. Pero en la anécdota que inspiró este relato, quien llegó temprano fue una mujer.

Turulato, quien llegó temprano simplemente alucinaba. Venía feliz por la reunión con los amigotes y se encontró con una escena que no entendía. Porque un no quiero ir significa no quiero ir y no un no quiero ir ni que tú vayas.

Besos a todos