jueves, 1 de julio de 2010

Tic tac

Eran las cinco la mañana, Santo Domingo ocho de enero...


Así comienza una canción de Juan Luis Guerra. Hoy no es ocho de enero, sino primero de julio. Y estoy en Madrid aunque por el bochorno me parezca Santo Domingo. Lo que sí coincide con la canción, es que son las cinco de la mañana. Y yo llevo despierta más de una hora, dando vueltas en la cama, deseando saber levitar para no rozar ni siquiera las sábanas.

Para mí, ya ha llegado la época infernal. Dormir muy poco (había logrado dormir ocho horas, ahora no llego a las cuatro el día que más duermo), trabajar mucho (y que no falte), no tener tiempo para mí y estar un poco (bastante) inaguantable.

En el trabajo, aunque me toque comerme algún sapo, procuro que no se me note y tras tantos años (hoy hace quince años que abrimos la agencia), logro fingir bastante bien. Pero, sobre todo, con aquellos a los que quiero, tiendo a la susceptibilidad. Aunque trato de controlarme, a veces no lo logro y se me escapa alguna bordería, que lo único que logra es que la otra persona pueda ofenderse y yo me sienta mal por haberles lastimado o molestado.

En esta época, mi desahogo suelen ser los domingos. Días en los que me dedico a dormir todo lo que puedo y a hacer lo que me gusta. Como es el único día realmente mío, acabo llenándolo de cosas pendientes y descansar no descanso mucho, pero disfruto enormemente.

Por circunstancias de las que aún no puedo hablar por aquí, estos últimos domingos no han sido míos y los he tenido que dedicar a otros, cosa que he hecho de corazón, pero que estoy notando enormemente pues no he liberado presión.

Todo esto, mezclado con unas molestias en el oído que me provocan dolores de cabeza, hacen que me sienta como una bomba de relojería a punto de estallar.
Una parte de mí gritaría a los que quiere Achtung!! Warning, warning!! Alejaos de aquí antes de que os haga (y me haga) daño; mientras que otra parte gritaría que vengan conmigo aunque sea un poco imbécil, que necesito saberles felices, reírme y vivir con ellos.
Pero lo malo de ser encajadora, como me dijeron en una ocasión, es que no sé me dan muy bien esa clase de gritos hasta que es demasiado tarde.

Aunque quizás esta sea la forma que he tenido para gritar...

3 comentarios:

Fran dijo...

No entiendo cuando dices que eres inaguantable o una borde. Tiendes a confundir firmeza con bordería cuando no es así. Desde que te conozco y hace ya mucho, tu comportamiento es amable y cordial, tratando de hacer sentir cómodos a los que te rodean, aún en aras de tu propia comodidad muchas veces. Pero tienes días malos. ¡Coño, como todos!. Que no eres infalible.

Cuando te muestras susceptible y sueltas alguna pulla, es porque dudas de ti misma o de alguien a quien quieres. Las personas que te tratan pueden optar por enfurruñarse, hablar contigo para tratar de entender o darte un abrazo (y una colleja). Tú no puedes hacer nada, pues es su decisión. Tienes que confiar más en otros. Y aplicarte tus propios consejos y hablar.

Ahora, después de la conversación, llega el pescozón. Llevas con dolor de oído desde antes de irte a Turquía y de eso hace mes y medio. ¿Cuándo piensas ir al médico? Y ya de paso, le pides algo para dormir porque no es bueno dormir tan poco como duermes tú.

Un abrazo (con pescozón)

Turulato dijo...

Me da lo mismo como eres. Me importa solo que seas.¡Ah! y que conserves la voz; sabes que me encanta.

Kalia dijo...

El verano y el calor es el culpable solo. Tú solo tienes que respirar hondo y dejarte llevar. Y dormir, claro.