jueves, 8 de julio de 2010

Una manía

No me considero una persona excesivamente maniática, aunque como todos, tenga mis manías.


Tengo el bote de los lápices de la oficina lleno de lápices y bolígrafos, de distintos tipos y colores. Da igual. Siempre empleo el mismo lápiz y casi siempre el mismo bolígrafo. Si se pierden entre los papeles, los busco como al hijo pródigo. Con los bolígrafos soy más promiscua cogiendo, si no aparece el mío, el que tengo más a mano, pero con los lápices y con las plumas (que la mía no la presto), no. Porque aunque sean del mismo número (prefiero los del número 2), no todos escriben igual.
Sólo cambio cuando están a punto de gastarse, que busco sucesor.

Esta manía lleva a algo que llama mucho la atención de mis amigos y también de mis clientes y que provoca algunos comentarios de pitorreo. O del tipo "Mamá, yo quiero un lapiz así chiquitín". Y es que, como se puede ver en la foto, apuro al máximo lo que me gusta (por si alguno se lo pregunta, sí, sigo escribiendo con él y me fastidia que voy a tener que buscarme otro con lo bien que escribe éste).


3 comentarios:

Fran dijo...

Coño, eres leal hasta a las cosas.
No sé como eres capaz de escribir con una minudencia así. O con el otro que tenías antes, uno blanco canijo.

Turulato dijo...

Si yo te contase....

Kalia dijo...

Observo que las manías respecto a los mil usos que se pueden dar a un lapicero son comunes. Y no miro a nadie.