lunes, 8 de mayo de 2006

Un luchador

Yo pienso en mis abuelos todos los días, pero hoy, por dos motivos distintos, me he acordado especialmente de mi abuelo Manuel.

El primer motivo que me ha hecho pensar en él, ha sido este estupendo artículo de Caboblanco sobre las deudas que contraemos a lo largo de nuestra existencia.

Mi abuelo era un gran hombre. Guapo (no es porque fuera mi abuelo, es que lo era), honesto, inteligente, cariñoso (aunque no empalagoso), noble y tremendamente paciente...sobre todo con la 'puñetera' de su nieta mayor (moi!) que siempre estaba zascandileando a su alrededor y poniéndole la 'cabeza como un bombo' con sus trastadas y preguntas.
Tendría poco más de 5 años y había hecho una de las mías y mientras estaba convaleciente, me dijo algo por primera vez (lo repitió más veces a lo largo de los años). Algo que el artículo me recordó.
"Silvia, nunca dejes una deuda sin pagar, un favor sin devolver y una afrenta sin contestar"
Siempre he procurado que esa máxima sea una de las que rigen mi vida (otra es 'no hagas a los demás, lo que no te gusta que te hagan'), aunque en ocasiones no lo logré. He sido demasiado orgullosa y me ha podido la soberbia...aunque suelo recapacitar (a veces algo tarde) y entonces me toca tragarme mis palabras (menos mal que no engordan...).

La otra cosa que me recordó a mi abuelo, fue un debate que tenían esta mañana en Onda Cero acerca de la eutanasia y del derecho a una muerte digna. Habló una persona que tenía un pariente en fase terminal de un cáncer y que quería que le ayudaran a morir sin tanto sufrimiento. Yo deseé lo mismo que esa persona con mi abuelo Manuel.

Una de las cosas que no he mencionado de él es que era tremendamente vital y un luchador. Antes de que yo naciera, se tuvo que jubilar anticipadamente porque estaba gravemente enfermo de silicosis. Pero en vez de quedarse tumbado en una cama, tosiendo y quejándose, se lió la manta a la cabeza y comenzó a andar por el campo que había frente a su casa. Poco a poco se fue encontrando mejor y cuando yo era una niña, él andaba una media de 20 kilómetros diarios. Ah, y seguía fumando sus celtas sin boquilla (a escondidas de mi abuela, claro). Vicio que tuvo hasta que le diagnosticaron el cáncer que lo mató.

Fue una agonía muy dolorosa que le duró meses hasta que falleció. Nunca se quejaba delante nuestro, aunque más de una vez le sorprendí derrotado cuando él no se daba cuenta de que miraba. Sólo una vez, dijo que quería morir. Sabía que se acercaba el final (murió a las pocas horas) y lo había aceptado.

Pero yo no lo había aceptado. Cuando yo le oí decir eso, fue un mazazo muy fuerte. Porque él siempre fue un luchador y sabía que se había rendido. Me sentía impotente, como si presenciara su combate desde la barrera y le fueran a dar el "coup de grâce", sin que yo pudiera evitarlo. Y por otra parte, deseaba que alguien le ayudara a morir, para que dejara de sufrir porque se me partía el alma el verle así.

Ha pasado media vida desde que murió y a veces me preguntó si yo hubiera sido adulta, ¿habria sido capaz de ayudarle a morir?. Y sigo sintiéndome dividida como cuando tenía 14 años. Es una pregunta para la que creo que jamás tendré respuesta...

8 comentarios:

Dianora dijo...

Te dejé esta mañana un comentario... ¿se ha perdido por el ciberespacio?

eloryn dijo...

Pues se lo ha debido de comer, porque yo hoy no toqué nada en la bitácora :-(

Dianora dijo...

exnBueno, el ciberespacio también tiene derecho a alimentarse ;-)
Te comentaba que yo sólo pude conocer a uno de mis abuelos. Él me ha enseñado, y aún me enseña día a día, a tener ilusión por la vida. Es ya muy viejito y está muy muy delicado de salud. Muchos sustos nos ha dado, pero por ahora siempre se recupera. El secreto, como él me dice, es tener ilusión. Primero, por ver a su nieto pequeño crecer (de eso hace 16 años), después por ir a la boda de su otro nieto (el primer nieto que se le casaba; por desgracia, problemas de salud le impidieron ir). Viendo las fotos no podía ni quería evitar emocionarse. Después el nacimiento de su bisnieta. Después la boda de su nieta (la primera chica de la familia en casarse). Ilusión por vivir y ver las cosas cotidianas. Ahora me dice que no se puede morir hasta ver a la que suscribe felizmente casada. Yo le sonrío. Los dos sabemos que eso no pasará, pero mantiene la ilusión :-) y si eso le hace vivir un día más, bienvenido sea.
Le debo mucho, muchisimo. Es mi abuelo, el único que es capaz de emocionarse con cada abrazo que me da.
Un beso

Anónimo dijo...

"..No pasará..". ¿Y qué sabes?. Presiento que las dos vaís a llegar a ser abuelas...
La única dificultad es que siendo tan guapetonas y con la sesera tan bien amueblada...., "decime" ¿como se acerca uno?.
Sólo de pensarlo me entra un sudor frío..

Dianora dijo...

Es muy fácil, un paso detrás de otro :-P

eloryn dijo...

Dianora, disfruta de tu abuelo todo lo que puedas. Yo procuro hacerlo con mu abuela materna, que es la única que me queda.

Anónimo, yo no sé aún si voy a ser madre, con lo que ser abuela es algo que ni contemplo hoy por hoy.
Y supongo que lo de guapetona lo dirá por la chica de ojos preciosos, pero yo me apunto :-)
Y como dice Dianora, acercarse es muy fácil :-)

Besos

Virginia dijo...

Hola, soy yo otra vez, la chica de Málaga... espero que te lleguen las nuevas actualizaciones y comentarios al mail porque si no te estarás rayando al leer esto xDDD te he dejado un post en tu comentario sobre Sintra, pensando que era más reciente, y de paso le he echado un vistazo a tu perfil (cotillaaaaa, siiii, lo seeeeee). En fin, que me he quedado muerta leyendo tus libros favoritos :) Si tienes curiosidad pincha en mi blog y verás qué de coincidencias :)

Otro abrazote desde tierras sureñas.

eloryn dijo...

Hola Virginia, bienvenida!! Espero verte por aquí a menudo.
Gracias por el comentario en el post de Sintra y por recordarme que tengo la segunda parte pendiente *^_^*)
Y sí, veo que tenemos gustos comunes en libros o películas :-)
Un abrazo desde los Madriles