lunes, 22 de mayo de 2006

Voto

En el vuelo de ida a Fuerteventura, iba leyendo tres de los periódicos de mayor tirada: ABC, El Mundo y El País. (Mi profesora de Historia de 1º de BUP siempre decía que teníamos que contrastar diversas fuentes para formarnos una opinión). Hecho lo cuál, llegué a dos conclusiones: la clase política cada vez me da más asco y en las últimas elecciones, tiré mi voto a la basura con mi decisión.

Lo primero fue reafirmar un sentimiento que tengo desde hace tiempo y lo segundo, es algo que me fastidia bastante, porque para mí votar es algo que siempre me tomé muy en serio.

Considero una obligación de todo ciudadano comprometerse con su país y la sociedad en la que vive y el voto es una forma de compromiso, con la que se puede encauzar el destino de esa sociedad (Suena un poco ingenuo, ¿verdad? Pues es que para algunas cosas sigo siendo muy inocente...).

Mis colegas de la facultad y yo teníamos una norma: si no votabas en las elecciones, no podías participar en discusiones sobre política. ¿Qué te sentaban mal las obras del ayuntamiento y no habías votado en las municipales? Pues a cerrar el pico y ni se te ocurriera criticar al alcalde, porque hasta los que votaban a la 'oposición' (que tenían derecho a criticar) te podían comer. El que no votaba, sabía que durante 4 años, le tocaba una dieta de 'ajo y agua' y en las próximas elecciones, ya sabía lo que tenía que hacer si quería dejar la dieta.

Cuando decidí que iba a votar al PSOE en las últimas elecciones, lo hice porque vivía en esa parte de España que no 'iba bien' y pensaba que un cambio no vendría mal
(antes de que alguno lo piense, mi decisión no tuvo nada que ver con el 11-M).
Lo reconozco, metí la pata hasta el fondo. Tras más de dos años, sigo viviendo en esa España (será que como no me dieron el piso, no pude mudarme) y encima, se me cae la cara de vergüenza al ver lo que están haciendo con ciertos temas (Bolivia, el Estatut, la 'memoria histórica', la educación, las ¿negociaciones? con ETA...).

Sé que es sólo un voto insignificante, pero me siento como si hubiera contribuido a crear un monstruo. Así que cuando discuto con algunos amigos 'peperos' me toca agachar las orejas y ponerme colorada como un tomate.

Lo positivo de todo esto: un amigo mío es feliz. Lleva años intentando convencerme para que vote al PP y cuando el otro día le reconocí que seguramente votara a Gallardón para alcalde el año que viene, se le iluminó la cara con una enorme sonrisa.

3 comentarios:

Dianora dijo...

Yo también vote al PSOE en esas elecciones. Ni me enorgullezco ni me avergüenzo de ello. Hice lo que hice porque estaba muy convencida. Y si tuviera que decidir ahora, en las mismas condiciones, tomaría la misma decisión. Y no, mi voto no fue motivado por el 11-M (que conste que vivo en Alcala de Henares y lo que vi en la estación no fue precisamente para recordar). Mi voto se decidió muchísimo antes que ese fatídico día, y si sucediese lo mismo, yo volvería a votar igual. Y sí, la cosa no ha resultado como esperaba, pero de los errores se aprende. Aún así, sigo pensando que en aquel momento, de lo malo, era lo "menos malo".
ESo sí, por suerte, no tengo que decidirme por "Gallardón" :-), este caballero no me corresponde :-))

Besos

Turulato dijo...

Hubo en tiempos un sagaz político brasileño que se postulaba con un delicioso "Votadme, que robo pero actuo".
Escribo esto porque suscribo todo que has escrito y no quería irme sin comentar.
El problema de fondo creo que está en la obsolencia de un sistema pergeñado desde la mitad del XVII hasta finales del XVIII y que pasó por la trituradora terrible del Romanticismo filosófico alemán del XIX.
El sistema político representativo, en sus diversas modalidades, se ha transformado en un sistema de gestión del Poder antes que de gestión de la convivencia y recursos sociales. Es ineficaz y plenamente ineficiente.
¿Cómo cambiar?. O el Poder asume su incompetencia y se transforma, o sólo cabe la Revolución.
Por eso en España se embrutece a las generaciones mediante un sistema educativo "ad hoc" y se controlan con saña los medios de comunicación.
Y se dinamita, en lo posible, a las dos instituciones clásicas del Poder, la Iglesia y los Ejércitos.
Los clásicos griegos ya describieron los pasos que conducen a la Tiranía.

eloryn dijo...

Dianora, yo también estaba muy convencida y por eso me siento tan decepcionada. Nos las están metiendo dobladas, pero eso sí, con talante (es como el violador que le dice a su víctima, 'relájate y disfruta').
Las circunstancias han cambiado y no volvería a votar igual. El problema es las alternativas no me convencen lo más mínimo.
En Madrid me decanto por Gallardón, porque no creo que lo esté haciendo tan mal y quiero un buen gestor que me facilite la vida. ¿Qué tiene arrebatos megalomaníacos? Pues que me fastidie lo menos posible y que deje Madrid bien.

Turu, gracias por la lección. Tengo muy poca fe en que el Poder vaya a reconocer su incompetencia y que cambien y en cuanto a la Revolución...mientras el común de los mortales tenga "pan y circo" no creo que se moleste en hacerla. Espero que los clásicos griegos se equivoquen...
Tus palabras me han hecho acordarme de una anécdota de la facultad.
Estábamos mis amigos y yo hablando de política y estábamos bastante 'cocidos'. En un delirio de borrachos, decidimos montar nuestro propio partido: el CIDU (Centro, Izquierda y Derecha unidas). Teníamos hasta lemas: "Vótanos, no tienes excusas" y en campaña, "Nosotros trincaremos, pero un 30% menos que nuestros predecesores e invertiremos en España, nada de llevarlo a un paraíso fiscal".
Entre trago y trago de sangría íbamos perfilando nuestro 'programa electoral' (la de barbaridades que llegamos a decir) y todo iba bien hasta que llegó la hora del reparto de 'carteras'. Hubo 'tortas' por la de Defensa, y es que todos sabíamos de la importancia de tener a los Ejércitos contentos y de nuestro lado.